CREDO PLINIO VIEJO

EL CREDO DE UN PAGANO: PLINIO EL VIEJO

Publicado en : Revista Biblica (Nueva época = NE) 43(1981), n. 1, pp. 51-64.

http://www.feyrazon.org/BojPlinio.htm

Como ejemplo de la mentalidad del paganismo romano ilustrado que hoy parece revivir en algunas cabezas occidentales, me permito citar mi estudio sobre Plinio el Viejo, quien afirma, en su Historia Natural, que no hay Dios, pero que si hay algo que pueda llamarse «divino», sería el sol en el orden de la naturaleza, en el orden interhumano la filantropía y en el orden político el emperador porque asegura el bien común

"Para comprender exactamente lo que el autor quiere afirmar en sus escritos, hay que tener muy en cuenta los modos de pensar... que se usaban en tiempos del escritor" (Dei Verbum, 12)

"... lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables, porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus vanos pensamientos y su corazón necio se entenebreció, jactándose de sabios se volvieron ignorantes..." (Romanos 1,19-23)

I. EL DOCUMENTO

El Credo de un Pagano

Cayo Plinio Segundo (El Viejo). Historia Natural, Libro II (1).

1.[1] El Universo, esta totalidad a la que se han complacido en llamar cielo, cuyo circuito abarca todo lo existente, debe ser considerado como la divinidad, eterna, inmensa, ni engendrada ni susceptible de desaparecer jamás.

Escrutar lo que pueda haber fuera de él, no tiene importancia para el hombre y la mente humana no puede conjeturarlo. El mundo es sagrado, eterno, inmenso, todo entero en la totalidad. Más aún: él lo es todo; siendo infinito, parece limitado; siendo lo más cierto de todas las cosas, parece incierto; abarca en sí todo lo exterior y lo interior; él es a un mismo tiempo la obra de la naturaleza y la naturaleza misma.

Es una locura, que ha agitado el ánimo de algunos, la de pretender calcular sus dimensiones. Pero hubo incluso quienes llegaron a exponerlas enseñándolas a otros. Y hasta hubo quienes tomando ocasión de dichas enseñanzas, o dando ocasión para ello, sostuvieron que existían mundos innumerables, con lo cual habría que aceptar la existencia de otras tantas naturalezas. O, en el caso de que una sola naturaleza los abarcara todos, habría que admitir la existencia de otros tantos soles, y otras tantas lunas y otros tantos astros, ya de por sí inmensos e innumerables, en un solo mundo. Obran como si no se fueran a plantear al pensamiento siempre los mismos enigmas en su conato de fijarle algún límite. O como si esta ilimitación de la naturaleza de todos los mundos, pudiera atribuirse a un artífice de todos ellos. Como si no fuera más fácil entender esta ilimitación en una sola obra y de tamaña envergadura.

Locura es. Ciertamente locura, salir del mundo y tratar de escrutar lo que hay fuera de él, como si ya fuera conocido para nosotros todo lo que hay en su interior. Como si fuera posible medir un objeto ignorando la propia medida. O como si la mente del hombre pudiera ver las cosas que no abarca el mundo.(...)

6. En medio de ellos (de los planetas) se mueve el sol, el más considerable por su tamaño y su potencia, el cual no sólo gobierna las estaciones y las tierras sino también a los astros mismos y al cielo. Él es el alma, o más propiamente el espíritu del mundo entero, la primera regla y la primera divinidad de la naturaleza. De ello nos persuade la importancia de su rol: él es el que ilumina las cosas y espanta las tinieblas; él el que hace empalidecer unos astros y da brillo a otros; él el que rige la sucesión de las estaciones y el renacimiento perpetuo de los años, de acuerdo a las necesidades de la naturaleza; él el que disipa la tristeza del cielo y las nubes del espíritu; él presta su luz a los demás cuerpos celestes; preclaro, eximio, que todo lo ve y todo lo oye también, privilegio que según veo, sólo Homero, el príncipe de las letras, le ha reconocido.