OPERACIONES
[En los escritos de san Ignacio de Loyola]
Publicado como artículo del Diccionario de Espiritualidad Ignaciana

Voz: Operaciones, en el: Diccionario de Espiritualidad Ignaciana Vol. II págs 1359 – 1367 [Director José García de Castro S.J. (GEI = Grupo de Espiritualidad Ignaciana) Ed. Mensajero – Sal Terrae, Bilbao – Santander, 2007]

Introducción. La Concordancia Ignaciana no registra ninguna ocurrencia de esta voz en singular y sólo cuatro ocurrencias del término en plural operaciones: tres veces en los Ejercicios y una vez en las Constituciones. Aparece, algunas veces más, una sola en singular, en algunas cartas. Por su posición en lugares claves de los Ejercicios y las Constituciones, su importancia es mayor de lo que sugiere su infrecuencia. E. Watrigant lo consideró un latinismo, (Genèse p.69-77). Los Prolegomena in Exercitia (MI, Ex (1919) p.48) y A. Codina (Orígenes p.125) lo elencaron entre otras posibles reminiscencias de los estudios filosóficos y teológicos en Alcalá y París. Las acepciones diversas del término en la pluma de Ignacio reflejan oscilaciones parecidas a las que tiene en la academia escolástica y se comprenden mejor en el marco de esa patria semántica que, por eso, conviene evocar aquí. El principal estudio de referencia sigue siendo el del P. José Calveras (Man 6,7 y 8).

2 Sentidos genérico y específico según diversos ámbitos de sentido:


La palabra "operatio", como muchísimas otras en los escritos y enseñanzas de Pedro Lombardo y de otros maestros de la Escuela, sobre todo Santo Tomás, tiene un significado eminentemente análogo. Por lo cual, a fin de entender lo que se quiere decir exactamente con ella en el sitio donde se la usa, es menester situarse en el lugar donde se coloca el autor al usarla y así puede significar muchas cosas sin contradecir los otros sentidos subordinados o superiores. Lo mismo sucede con los términos en los escritos de Ignacio. Son susceptibles, como es el caso del término operaciones, de diversas acepciones e interpretaciones según el texto y no se ha de asumir que lo usa en todos en sentido unívoco.
En las obras del Doctor Angélico, operationes puede tener sentido 1) genérico o 2) específico en distintos ámbitos. En sentido genérico designa: a) en el ámbito ontológico o metafísico, toda y cualquier operación divina o creatural, cualquier obra, acción, o movimiento; cualquier acto angélico, humano, animal o movimiento físico o cósmico; b) en el ámbito psicológico o antropológico, que es el del obrar humano, abarca todo lo que el hombre hace y padece en sí o afuera, sus actos libres pero también sus primeros impulsos no deliberados; c) en el ámbito neumático, espiritual o teológico, que es el de las operaciones divinas y de la gracia, se usa también en sentido genérico refiriéndose a las inspiraciones, mociones, dones y carismas, que obra Dios en el hombre y a la pasividad receptiva de éste, que es considerada por eso en cierto modo activa, y perteneciente a la operación mística en cuanto tiene de dialogal.
También el sentido específico varía según los ámbitos de significación, al servicio de distingos dentro o entre los ámbitos metafísico, psicológico, moral y neumático. En sentido específico a’) dentro del ámbito psicológico suele distinguirse las operaciones (obras físicas o corporales exteriores) de las oraciones (actos espirituales interiores); b’) en ámbito moral, operaciones se dice de ciertas operaciones no deliberadas de las potencias o facultades del hombre distinguiéndolas de las acciones deliberadas y por eso meritorias o culpables; c’) en sentido específico neumático o espiritual, son llamadas operaciones las infusiones de gracia, dones y carismas, que desde el punto de vista ontológico no son operaciones sino mociones, divinas, pasivas en quien las recibe, pero no sin receptividad activa del sujeto, pues se trata de un acontecer intersubjetivo.

3 Sentido genérico de Operaciones en los escritos de Ignacio:


El P. José Calveras define así su sentido genérico: “una serie de actos de nuestras potencias, facultades y fuerzas naturales enlazados espontánea o conscientemente para venir a un efecto o intento determinado” (Man 6, 121 n.59). “Lo que en general por operaciones entendía [Ignacio] en los Ejercicios,... coincide con lo dicho en las cartas, a saber: una serie de actos de nuestras potencias y facultades interiores y exteriores [corporales y espirituales], más o menos compleja, que toma unidad y nombre del intento o efecto central inmediato que se pretende” (Man 6, 122 n. 60). O bien: “un conjunto de actos simples de nuestras facultades, imperados directa o indirectamente por la voluntad, con el que ponemos en obra un intento sencillo o efecto inmediato, tal como leer, comer, etc. del cual toma la operación unidad y nombre” (Man 6, 132 n. 68; 7, 203 n. 71). Las caracteriza, pues, a diferencia de la acción o las acciones, su complejidad: “En sentir de San Ignacio una operación es cosa muy compleja que comprende toda una serie de actos nuestros interiores y exteriores, enlazados o natural o artificiosamente como en los ejercicios que él propone; en los cuales a las veces alrededor de un núcleo de actos que forma la operación central y que da el nombre específico al ejercicio [examen, meditación, elección], pone otros actos secundarios propios de otras operaciones complementarias; con lo que el ejercicio resulta un todo más complejo, unificado por un intento espiritual más amplio, a cuya consecución contribuyen las diferentes partes u operaciones que incluye” (Man 6, 122).
En la línea de lo señalado por Calveras hemos de entender por operaciones, expresándolo con las mismas palabras de Ignacio: “el concierto y modo de proceder en las cosas spirituales, y así corporales, ordenadas al propio provecho spiritual” (Carta a Fco. De Borja, 20 Set 1548). A regular dichas operaciones, aunque Ignacio no use en ellas ese término, apuntan las diversas reglas y las numerosas cartas de Ignacio que contienen instrucciones. Reglas para ordenarse en el comer, en el dar limosna, para sentir en la Iglesia, Cartas de la Obediencia y de la Perfección, Instrucciones a los Superiores, a los que van a Trento, etc. Pero muy principalmente aquellas operaciones que se dirigen a la elección; las que exige el discernimiento: la atención a las mociones que en el ánima se causan, la apertura de alma y comunicación de ellas al que da los ejercicios “o a su buen confesor o a otra persona espiritual”, la aceptación de las buenas y el rechazo de las malas.

4 Los textos
Los textos en que aparecen los vocablos de que tratamos son: Ejercicios 1,2; 46,1; 63,3; Constituciones 723,2; Cartas: a Teresa Rejadell, Venecia 18 Junio 1536 [operazión]; a S. Francisco de Borja, Roma 20 Setiembre 1548 [operaçiones, operaciones]; al P. Urbano Fernandes, Roma 1 Junio 1551 [operationes]; al P.Luis Coudret Roma 11 Julio 1556 [operatione (it)].


4.2 Sentidos de operaciones en los textos


1. - Anotación primera: “Por este nombre, exercicios spirituales se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras spirituales opperaciones, según que adelante se dirá” (Ej 1).
Aquí el sentido de operaciones es genérico en el orden psicológico pero específico en el orden espiritual. Exercicios spirituales y spirituales operaciones, son aquí expresiones intercambiables. Los Ejercicios modalizan las operaciones: “Los diferentes ejercicios que propone san Ignacio no son sino diferentes modos de realizar ciertas operaciones espirituales” (Calveras, Man 6, 122). Ejercicios y operaciones designan, en sentido genérico, todo lo que hará el ejercitante para alcanzar los fines de los ejercicios, o sea el conjunto complejo de actos intencionales y voluntarios, tanto los actos interiores de las potencias del alma en las meditaciones, contemplaciones y coloquios, como los exteriores, corporales, que le aconsejan y prescriben las Addiciones. Pero todo eso se hará para obtener el triple fin de los Ejercicios, que es de orden espiritual. La misma Anotación primera especifica su carácter y finalidad espiritual por contraste con los ejercicios corporales, mediante un triple para: “para quitar de sí todas las affecciones desordenadas, y después de quitadas para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma” (Ej 1). Dado que el fin especifica los medios, la expresión de estos tres fines encadenados, especifica la dimensión antropológica genérica de estas operaciones, y expresa la especificidad espiritual de todas ellas, aún de las corporales que también prescriben las Addiciones. El título de los Ejercicios brinda una ulterior descripción de esta finalidad espiritual: “Exercicios espirituales para vencer a sí mismo y ordenar su vida sin determinarse por afección alguna que sea desordenada” (Ej 21). Dado que en la Anotación primera se ha establecido una cierta ecuación entre operaciones [el qué] y ejercicios [el cómo], el título de los ejercicios podría leerse igualmente: Operaciones espirituales para vencer a sí mismo, etc. Este texto brinda el nexo lógico que une, en la cabeza de Ignacio, el sentido de operaciones y ejercicios en la Anotación primera, con el sentido espiritual del término en sus otras recurrencias (Ej 46 y 63,3).
Anuncia Ignacio otras operaciones que ‘más adelante se dirá’. ¿Cuáles ha dejado de enumerar? Las relativas a las elecciones y al discernimiento de los espíritus, sin olvidar el diálogo con el que da los ejercicios, que es esencial a ambos efectos. Sin ellas no puede alcanzarse los fines de los ejercicios. La indiscreción sería la ruina de una recta elección, pues es la “máquina más eficaz que tiene el enemigo para quitar la verdadera caridad del corazón” y sin ella “el bien se convierte en mal y la virtud en vicio y síguense muchos inconvenientes contrarios a la intención...” (Carta a los estudiantes de Coimbra, 7 Mayo 1547).

4.2.2. - Oración preparatoria: “La oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, actiones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad” (Ej 46).

La interpretación del sentido de operaciones en este texto ofrece sus dificultades, en parte debido a razones de historia textual. Sin embargo llama la atención que la Oración Preparatoria haya sido objeto de pocos estudios a partir del que le dedicó el P. Calveras (Man 7 y 8). Los comentaristas de los Ejercicios no se detienen a explicarla o, si lo hacen, repiten más o menos fielmente a Calveras, sin ulteriores investigaciones ni explicaciones.
Para interpretar el sentido de operaciones en este texto es necesario, en primer lugar, tener en cuenta que: “el sentido general de la oración preparatoria no es el de una rectificación de la intención al comienzo de cada ejercicio, sino el de una petición del fruto general de los Ejercicios, al cual dicha oración nos prepara” (Calveras, Man 7, 206 n. 74). Las operaciones para las que se pide gracia en esta oración son las de todos los Ejercicios y las de toda la vida, actual y futura del ejercitante. En el ‘micro’ de cada ejercicio el ejercitante ensaya las intenciones, acciones y operaciones que practicará durante todo el día de ejercicios y en el ‘macro’ de su vida.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta el engarce del término operaciones en esta Oración preparatoria como tercer miembro de una terna de elementos eslabonados, que tiene toda la apariencia de ser un cuerpo extraño en el vocabulario habitual de Ignacio: intenciones, acciones y operaciones. Es la única vez que aparece esta terna. Sus tres componentes, en plural, aún por separado, casi no aparecen en otros textos. Acciones aparece por única vez aquí. Intenciones sólo vuelve a usarse en plural sola, y refiriéndose a las perversas de Satanás (Ej 325,7). Esta terna es el único lugar de los Ejercicios donde las tres palabras aparecen unidas, y en el que San Ignacio usa, por única vez, la bina de los plurales intenciones y acciones.
Todas razones para preguntarse acerca del origen de esta terna. Se ha supuesto que pudiera ser una cita implícita. Probablemente haya que atribuirla a la filosofía o a la teología escolástica “ya que los filósofos hablan de las operaciones refiriéndose a las facultades, de las acciones cuando se refieren al sujeto y atribuyen las intenciones a la voluntad” [loquuntur enim philosophi de operationibus facultatum, actiones tribuendas aiunt supposito, intentio ad voluntatem pertinet (Prolegomena in Exercitia MI Ex (1919) p.48)]. El certero instinto de Calveras lo hace pensar en alguna fórmula de oración litúrgica (Man 8, 324 n. 85).
En tercer lugar, se ha de tener en cuenta también que la palabra operaciones se agregó posteriormente a intenciones y acciones. Aparece en el Autógrafo, y en la Vulgata [operationes] pero falta en la Versio Prima, y en los códices Fabro y Regina, en los cuales se lee sólo intenciones y acciones (MI Ex p.48; Codina p.125). A. Codina lo consideró: “Indicio bastante claro no sólo de que tampoco tenía otra cosa el primer texto castellano, sino también de que tal modificación se hizo después de los estudios y es atribuible al estudio de la filosofía escolástica donde aprendería el Santo la distinción entre intenciones, acciones y operaciones, y le parecería más tarde que valía la pena de pedir a Dios gracia para que unas y otras fuesen enderezadas expresamente a su mayor gloria, con el fin de llamar la atención del ejercitante y moverle a tener cuidado, tanto de lo que hace la persona, a quien se atribuyen las acciones, como, y aún más particularmente, del uso de cada una de las facultades, que son la fuente de las operaciones” (l.c.).
Calveras considera que en la primera relacción, antes del agregado de operaciones, el término acciones incluía, en su sentido amplio, lo que Ignacio entiende por operaciones. Ignacio lo agregó después: “o [para] hacer decir a la enumeración más de lo que antes comprendía, o [para] expresar más explícitamente lo mismo”. Calveras elige la segunda hipótesis: “con añadir la palabra operaciones quiso San Ignacio declarar todo lo que él entendía en las acciones de la primera redacción, llamando la atención sobre las operaciones cuyo desorden se toca en los coloquios de la primera semana que podían no entenderse bien con la palabra acciones” (Man 8, 325 n. 86).
Esta es la misma explicación de la Oración Preparatoria que Calveras mantendrá en su edición de 1944: “todo mi querer (aspiraciones y determinaciones que constituyen las intenciones) y todo mi obrar, para con los demás (ocupaciones exteriores o acciones), y para conmigo (atenciones espirituales, intelectuales y físicas de mi vida particular u operaciones) sea puesto en orden” (p. 72, Ej 46 nota). Es la que adoptan en su seguimiento por lo general los comentaristas posteriores cuando explican o anotan el pasaje Ej 46. Arzubialde: “mi intencionalidad (querer) actividad y realizaciones concretas ulteriores” (125 n. 46). Dalmases: “’acciones y operaciones’ parece ser una endíadis como tantas otras empleados por San Ignacio” (69 n. 46). Ruiz Jurado: “intenciones, acciones exteriores y operaciones personales” (18).
El P. Calveras funda su interpretación de lo que por operaciones entendía san Ignacio, en el cotejo de pasajes de dos cartas de San Ignacio, arriba citadas, una a Teresa Rejadell y la otra a S. Francisco de Borja. Ambas tratan, manifiestamente, de las “atenciones espirituales, intelectuales y físicas de mi vida particular u operaciones”. Esto es algo que Ignacio hace incansablemente, aún cuando no use la palabra operaciones, en múltiples cartas, pero especialmente en aquellas como la de la Obediencia o de la Perfección, o en las instrucciones a los que envía, y en general en el género tan suyo de las ‘reglas’. La argumentación de Calveras no reposa en una presunción no probada de la univocidad del término, cosa por lo demás casi imposible de demostrar, sino en la mostración de la analogía de los contextos en los que el término tiene una común significación. Pero así quedan caracterizados por la misma analogía, otros múltiples contextos, cuyo carácter común es reconocible, independientemente de la presencia o no, en ellos, del término operaciones. Sobre este fundamento metódico es posible seguir avanzando en la misma dirección marcada por Calveras.


Avanzando en esa misma dirección y con el mismo método, proponemos que, sin negar lo afirmado por Calveras, es posible interpretar que “intenciones y acciones” se refiere, después del agregado de operaciones, preferentemente a la dimensión moral, es decir a todo aquello que es intencional y deliberado, mientras que operaciones corresponde preferentemente a la operación espiritual compleja y dinámica de lo que está en proceso de ser “sentido y conocido”, consultado, recibido o rechazado, en vistas a una elección.
Calveras piensa que “con añadir la palabra operaciones quiso San Ignacio declarar mejor lo que entendía en las acciones de la primera redacción [= obras, incluyendo en ellas cuanto pertenece al orden en el ejercicio imperado de nuestras potencias y facultades], llamando la atención sobre las operaciones, cuyo desorden se toca en los coloquios de la primera semana y que podían no entenderse bien en la sola palabra acciones” (Man 8,325 n. 86).
Pero con el agregado, el término acciones pierde generalidad y se hace más específico, como también cobra especificidad correlativa el término operaciones que ingresa para especificar parte del anterior contenido conceptual de acciones.
El motivo de agregar el término operaciones en la Oración preparatoria sería hacer pedir que la gracia se extienda también a todo ese mundo de operaciones desordenadas por conocer y enderezar, de mociones no sentidas por sentir y discernir, para aceptar o rechazar. Ignacio parece querer recomendar que se pida gracia en relación a las operaciones de discernimiento. Las mociones espirituales han de ser objeto privilegiado de la atención y del discernimiento espiritual tanto del ejercitante como del que le da los ejercicios. En ellas, el ejercitante no es protagonista. No tiene la iniciativa ni de la gracia ni de la tentación. Más que actuante y actor es movido y responde. Antonio Ruiz de Montoya, un místico jesuita de segunda generación, expresa así esa extraña operatividad pasiva: “Advertirás la diferencia que hay entre hombre espiritual y hombre contemplativo. El fin de aquél es pedir, el de éste es unirse con Dios por medio de la contemplación. El oficio de aquél es agere el de éste es agi; aquél hace y este padece” (69). San Ignacio dice a Sor Teresa Rejadell en la carta arriba citada: “muchas veces el Señor nuestro mueve y fuerza á nuestra ánima á una operazión ó á otra abriendo nuestra ánima; es á saber, hablando dentro della sin ruido alguno de voces, alzando toda á su divino amor, y nosotros á su sentido, aunque quisiéssemos, no pudiendo resistir”. Se trata de una operación propia pero a la que se es movido, y de la que, sigue enseñando más abajo Ignacio, se puede ser apartado o desviado. Esta amplitud interrelacional del actuar dialogal de la gracia y la libertad puede quizás expresarla mejor la complejidad y la apertura semántica que alberga el término operación que el más frecuentemente usado en el ámbito moral: acción.
Las mociones con que comienza el discernimiento dialogal de las complejas operaciones, son preterintencionales y por eso no tienen connotación moral hasta tanto que, con la gracia divina y no sin ella, sean notadas y aceptadas o rechazadas. Son parte de dichas complejas operaciones o conjunto de inter-acciones, aquellas mociones, consolaciones o desolaciones, agitaciones de diversos espíritus, sobre las que el que da los ejercicios debe mucho interrogar (Ej 6); a las que el ejercitante debe estar atento, para sentir y conocer, es decir advertirlas y discernirlas, las buenas para aceptarlas y las malas para desecharlas (Ej 313 y 328). “Mucho aprovecha, el que de los ejercicios, no queriendo pedir ni saber los propios pensamientos ni pecados del que los rescibe [el ámbito de las intenciones y acciones propias del ejercitante] ser informado fielmente de las varias agitaciones y pensamientos que los varios espíritus le traen [las mociones no intencionales, que desencadenan complejas operaciones espirituales, por la interacción de varias personas o espíritus]; porque según el mayor provecho [que saca el ejercitante de ese inter-actuar o operación], le pueda dar algunos espirituales ejercicios convenientes y conformes a la necesidad de tal ánima, así agitada [por lo mocional interpersonal operativo o interactivo]” (Ej 17).
En el Examen general plantea Ignacio una distinción semejante o equivalente entre lo intencional y lo no intencional. Es un texto análogo a los demás: “Presupongo ser tres pensamientos en mí, es a saber uno propio mío, el cual sale de mi mera libertad y querer [intención y acción], y otros dos [mociones] que vienen de fuera [de mi libertad]: el uno que viene del buen espíritu y el otro del malo [interacción, operaciones]” (Ej 32,2).
Son meras mociones de la potencia o facultad cognoscitiva, que no tendrán calidad de acción voluntaria personal y por lo tanto o moral, hasta que no sean aceptadas o desechadas consciente y deliberadamente por el sujeto. A ese complejo proceso previo puede aplicarse el término “operación”, pues con él lo designa Ignacio en las cartas cotejadas por Calveras.
Parece pues más verosímil y congruente con el contexto ver una distinción entre “acciones y operaciones” y no un paralelismo o endíadis (Dalmases, Ej 46 nota) y así lo ve Ruiz Jurado al mantener la diversidad de objetos como fundamento de la distinción entre acciones y operaciones. Si la meta de los ejercicios fuera solamente moral, el discernimiento y redirección de las operaciones, hubiera estado de más. La bondad moral del sujeto se juega a nivel de las acciones [estque id tandem unde subjecti bonitas pendet (MI, Ex (1919) p.48)]. Pero la lucha espiritual, se juega en el nivel de las mociones u operaciones.
Esta era el género de distinciones que Ignacio quería enseñar con el Examen General para examinarse en orden a la confesión y le trajo problemas en Alcalá. A la distinción entre pecado venial y mortal, le anteponía la instrucción entre lo que era y no era pecado, entre acciones (operaciones deliberadas o actos propiamente humanos) y operaciones (mociones no deliberadas) o movimientos primeros. Era la doctrina común de la Escuela, inspirada en Aristóteles, acerca de la motio o motus primo vel secundo primi: “ningún movimiento se considera como perteneciente al orden moral sino por su vinculación con la voluntad, que es el principio de la moralidad, como consta en Metaf. 6. El ámbito moral empieza donde el primer dominio de la voluntad” (In II Sent. D 24, Q 3, a.2, c).
No hay por qué suponer que, aún antes de sus estudios universitarios, Ignacio fuera tan ignorante de la doctrina moral común, manejada por sus confesores y expuesta por predicadores o en numerosas obras donde Ignacio pudo leerlas. San Ignacio reencontró en las Universidades lo que ya antes de tener letras y grados, enseñaba a sus ejercitantes. Autorizado ahora por su acreditación académica y munido de un mayor rigor de términos propone una terna, que puede sonar familiar y autorizada a los oídos del ejercitante de mes, quien había de ser alguien de mucho subjecto, y las más de las veces letrado o ingenioso (Ej 18-19).

4.2.3. - Coloquio del tercer ejercicios de la primera semana: “El primer coloquio a Nuestra Señora para que me alcance gracia de su Hijo y Señor para tres cosas [...] la segunda para que sienta el dessorden de mis operaciones para que aborreciendo me enmiende y me ordene” (Ej 63,3 segundo punto del triple coloquio). Aquí se trata de operaciones cuyo desorden está oculto a la conciencia. Es un desorden distinto de la malicia de los pecados. Se analizará este texto en el artículo Desorden de las Operaciones.

4.2.4. - Gobierno espiritual del Padre General: “Quanto a las partes que en el Prepósito General se deben desear, la primera es que sea muy unido con Dios nuestro Señor y familiar en la oración y todas sus opperationes, para que tanto mejor dél, como de fuente de todo bien, impetre a todo el cuerpo de la Compañía mucha participación de sus dones y gracias” (Co 723,2, P. 9, c.2). Aquí el sentido de operaciones es el específicamente neumático, se enumeran la oración y las operaciones no para separarlas, sino precisamente para conjugarlas en la familiaridad con Dios, y la docilidad a las operaciones del Espíritu Santo, que las hace igualmente neumáticas y espirituales. Este ayuntamiento de la oración con las operaciones sugiere que han de entenderse aquí predominantemente las operaciones propias del gobierno de la Orden, aunque sería artificial y contrario a la mente de Ignacio, separar su santidad personal, del acierto espiritual de su gobierno. Esta unión de oración y operaciones refleja dos ideas típicamente ignacianas: a) la contemplación en la acción consistente en la percepción dócil y la contemplación de la acción del Espíritu, y b) el gobierno espiritual, consecuencia de la anterior, e ideal de Ignacio para el gobierno de la Compañía. “Según San Ignacio, gobernar es dejar que el Espíritu Santo actúe en la comunidad [... como] agente principal de la historia sobrenatural de los hombres” (Lewis p.35): “Es el mismo Espíritu que nos gobierna y rige para salud de nuestras ánimas [...] Por el mismo Espíritu y Señor nuestro... es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia” (Ej 365,2-3). Y esto ha de suceder por el ministerio de los superiores que han de ser superiores spirituales (Co 89,1), para lo cual la oración ha de ser el medio principal “que junta el instrumento con Dios” (Co 813,2). El Padre General debe alcanzar en oración la gracia “para que su santísima voluntad sintamos y aquélla enteramente cumplamos” (Epp I, 79-83) pues de él depende que la cumplan enteramente los miembros de la Compañía, como eslabón de una cadena que comienza “en los particulares para con sus inmediatos superiores... y en éstos para con el General, y en éste para con quien Dios nuestro Señor le dio como inmediato Superior que es el Vicario de Cristo en la tierra, porque así enteramente se guarde la subordinación y consiguientemente la unión y caridad” (Carta de la Obediencia, 7, Epp 4,669).


5 Importancia del término


El exiguo número de veces que aparece operaciones en los textos no debe engañar acerca de su importancia relativa. Toda la primera semana queda fuertemente coloreada por el triple coloquio del tercer ejercicio, con la súplica del conocimiento interno y aborrecimiento del desorden de mis operaciones. Téngase en cuenta que operaciones es componente de la sólita (11x) oración preparatoria (18x) por lo cual, esa única ocurrencia textual comanda unas 150 reiteraciones reales del concepto operaciones durante los ejercicios de mes. Para el ejercitante, sus operaciones han de ser algo bien reconocible y han de estar siempre en su mira. A pesar de que en la Anotación primera se anuncian "otras espirituales operaciones que más adelante se dirá", San Ignacio no vuelve a usar el término operaciones para nombrarlas a lo largo de los Ejercicios. ¿A cuáles se refiere? Las adiciones, el trato con el que da los ejercicios, el discernimiento de las mociones, las elecciones, son todos conjuntos de actos de las diversas facultades y potencias tendientes a un fin, y se ajustan a la descripción de lo que Ignacio llama operaciones, y a la definición que Calveras derivó de esos textos, aunque al tratar de ellas en los Ejercicios no les aplique más ese nombre.

Bibl. MHSI, MI, Exercitia Spiritualia Sancti Ignatii de Loyola et eorum Directoria, Matriti 1919 (=MI Ex (1919))
MI, Sancti Ignatii de Loyola Exercitia Spiritualia (J. CALVERAS – C. DE DALMASES) Romae 1969

ARZUBIALDE Santiago, Ejercicios de San Ignacio. Historia y Análisis. (Col. Manresa 1) Mensajero – Sal Terrae, Bilbao – Santander 1991

CALVERAS José, “Tecnicismos explanados. I. Quitar de sí todas las afecciones desordenadas, II. Afección Desordenada. C. Affecciones en Particular Manresa 2 (1926/2) Nº 6, 119 - 132; “La Oración preparatoria” Manresa 2 (1926/3) Nº 7, 201- 215; 2 (1926/4) Nº 8, 322 - 332

CALVERAS José, Ejercicios Espirituales Directorio y Documentos de S. Ignacio de Loyola, Ed. Balmes, Barcelona 1944

CODINA Arturo, Los orígenes de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Estudio histórico. Biblioteca Balmes, Barcelona 1926

DALMASES Cándido de, Ejercicios Espirituales. Introducción, texto, notas y vocabulario por Cándido de Dalmases, Santander 1990

LEWIS Jacques, Le Gouvernement spirituel selon Saint Ignace de Loyola, (Studia: Recherches de Philosophie et de Théologie publiées par les Facultés S. J. de Montréal, 12) 1961

RUIZ JURADO Manuel, Para encontrar la voluntad de Dios. Guía de Ejercicios Espirituales, BAC, Madrid 2002

RUIZ DE MONTOYA Antonio, Sílex del divino amor, Introducción transcripción y notas de José Luis Rouillon Arróspide, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima 1991

WATRIGANT Enrique, La Genèse des Exercices de saint Ignace de Loyola; Amiens, 1897
 

 

OPERACIONES
[En los escritos de san Ignacio de Loyola]
Publicado como artículo del Diccionario de Espiritualidad Ignaciana

Voz: Operaciones, en el: Diccionario de Espiritualidad Ignaciana Vol. II págs 1359 – 1367 [Director José García de Castro S.J. (GEI = Grupo de Espiritualidad Ignaciana) Ed. Mensajero – Sal Terrae, Bilbao – Santander, 2007]

Introducción. La Concordancia Ignaciana no registra ninguna ocurrencia de esta voz en singular y sólo cuatro ocurrencias del término en plural operaciones: tres veces en los Ejercicios y una vez en las Constituciones. Aparece, algunas veces más, una sola en singular, en algunas cartas. Por su posición en lugares claves de los Ejercicios y las Constituciones, su importancia es mayor de lo que sugiere su infrecuencia. E. Watrigant lo consideró un latinismo, (Genèse p.69-77). Los Prolegomena in Exercitia (MI, Ex (1919) p.48) y A. Codina (Orígenes p.125) lo elencaron entre otras posibles reminiscencias de los estudios filosóficos y teológicos en Alcalá y París. Las acepciones diversas del término en la pluma de Ignacio reflejan oscilaciones parecidas a las que tiene en la academia escolástica y se comprenden mejor en el marco de esa patria semántica que, por eso, conviene evocar aquí. El principal estudio de referencia sigue siendo el del P. José Calveras (Man 6,7 y 8).

2 Sentidos genérico y específico según diversos ámbitos de sentido:


La palabra "operatio", como muchísimas otras en los escritos y enseñanzas de Pedro Lombardo y de otros maestros de la Escuela, sobre todo Santo Tomás, tiene un significado eminentemente análogo. Por lo cual, a fin de entender lo que se quiere decir exactamente con ella en el sitio donde se la usa, es menester situarse en el lugar donde se coloca el autor al usarla y así puede significar muchas cosas sin contradecir los otros sentidos subordinados o superiores. Lo mismo sucede con los términos en los escritos de Ignacio. Son susceptibles, como es el caso del término operaciones, de diversas acepciones e interpretaciones según el texto y no se ha de asumir que lo usa en todos en sentido unívoco.
En las obras del Doctor Angélico, operationes puede tener sentido 1) genérico o 2) específico en distintos ámbitos. En sentido genérico designa: a) en el ámbito ontológico o metafísico, toda y cualquier operación divina o creatural, cualquier obra, acción, o movimiento; cualquier acto angélico, humano, animal o movimiento físico o cósmico; b) en el ámbito psicológico o antropológico, que es el del obrar humano, abarca todo lo que el hombre hace y padece en sí o afuera, sus actos libres pero también sus primeros impulsos no deliberados; c) en el ámbito neumático, espiritual o teológico, que es el de las operaciones divinas y de la gracia, se usa también en sentido genérico refiriéndose a las inspiraciones, mociones, dones y carismas, que obra Dios en el hombre y a la pasividad receptiva de éste, que es considerada por eso en cierto modo activa, y perteneciente a la operación mística en cuanto tiene de dialogal.
También el sentido específico varía según los ámbitos de significación, al servicio de distingos dentro o entre los ámbitos metafísico, psicológico, moral y neumático. En sentido específico a’) dentro del ámbito psicológico suele distinguirse las operaciones (obras físicas o corporales exteriores) de las oraciones (actos espirituales interiores); b’) en ámbito moral, operaciones se dice de ciertas operaciones no deliberadas de las potencias o facultades del hombre distinguiéndolas de las acciones deliberadas y por eso meritorias o culpables; c’) en sentido específico neumático o espiritual, son llamadas operaciones las infusiones de gracia, dones y carismas, que desde el punto de vista ontológico no son operaciones sino mociones, divinas, pasivas en quien las recibe, pero no sin receptividad activa del sujeto, pues se trata de un acontecer intersubjetivo.

3 Sentido genérico de Operaciones en los escritos de Ignacio:


El P. José Calveras define así su sentido genérico: “una serie de actos de nuestras potencias, facultades y fuerzas naturales enlazados espontánea o conscientemente para venir a un efecto o intento determinado” (Man 6, 121 n.59). “Lo que en general por operaciones entendía [Ignacio] en los Ejercicios,... coincide con lo dicho en las cartas, a saber: una serie de actos de nuestras potencias y facultades interiores y exteriores [corporales y espirituales], más o menos compleja, que toma unidad y nombre del intento o efecto central inmediato que se pretende” (Man 6, 122 n. 60). O bien: “un conjunto de actos simples de nuestras facultades, imperados directa o indirectamente por la voluntad, con el que ponemos en obra un intento sencillo o efecto inmediato, tal como leer, comer, etc. del cual toma la operación unidad y nombre” (Man 6, 132 n. 68; 7, 203 n. 71). Las caracteriza, pues, a diferencia de la acción o las acciones, su complejidad: “En sentir de San Ignacio una operación es cosa muy compleja que comprende toda una serie de actos nuestros interiores y exteriores, enlazados o natural o artificiosamente como en los ejercicios que él propone; en los cuales a las veces alrededor de un núcleo de actos que forma la operación central y que da el nombre específico al ejercicio [examen, meditación, elección], pone otros actos secundarios propios de otras operaciones complementarias; con lo que el ejercicio resulta un todo más complejo, unificado por un intento espiritual más amplio, a cuya consecución contribuyen las diferentes partes u operaciones que incluye” (Man 6, 122).
En la línea de lo señalado por Calveras hemos de entender por operaciones, expresándolo con las mismas palabras de Ignacio: “el concierto y modo de proceder en las cosas spirituales, y así corporales, ordenadas al propio provecho spiritual” (Carta a Fco. De Borja, 20 Set 1548). A regular dichas operaciones, aunque Ignacio no use en ellas ese término, apuntan las diversas reglas y las numerosas cartas de Ignacio que contienen instrucciones. Reglas para ordenarse en el comer, en el dar limosna, para sentir en la Iglesia, Cartas de la Obediencia y de la Perfección, Instrucciones a los Superiores, a los que van a Trento, etc. Pero muy principalmente aquellas operaciones que se dirigen a la elección; las que exige el discernimiento: la atención a las mociones que en el ánima se causan, la apertura de alma y comunicación de ellas al que da los ejercicios “o a su buen confesor o a otra persona espiritual”, la aceptación de las buenas y el rechazo de las malas.

4 Los textos
Los textos en que aparecen los vocablos de que tratamos son: Ejercicios 1,2; 46,1; 63,3; Constituciones 723,2; Cartas: a Teresa Rejadell, Venecia 18 Junio 1536 [operazión]; a S. Francisco de Borja, Roma 20 Setiembre 1548 [operaçiones, operaciones]; al P. Urbano Fernandes, Roma 1 Junio 1551 [operationes]; al P.Luis Coudret Roma 11 Julio 1556 [operatione (it)].


4.2 Sentidos de operaciones en los textos


1. - Anotación primera: “Por este nombre, exercicios spirituales se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras spirituales opperaciones, según que adelante se dirá” (Ej 1).
Aquí el sentido de operaciones es genérico en el orden psicológico pero específico en el orden espiritual. Exercicios spirituales y spirituales operaciones, son aquí expresiones intercambiables. Los Ejercicios modalizan las operaciones: “Los diferentes ejercicios que propone san Ignacio no son sino diferentes modos de realizar ciertas operaciones espirituales” (Calveras, Man 6, 122). Ejercicios y operaciones designan, en sentido genérico, todo lo que hará el ejercitante para alcanzar los fines de los ejercicios, o sea el conjunto complejo de actos intencionales y voluntarios, tanto los actos interiores de las potencias del alma en las meditaciones, contemplaciones y coloquios, como los exteriores, corporales, que le aconsejan y prescriben las Addiciones. Pero todo eso se hará para obtener el triple fin de los Ejercicios, que es de orden espiritual. La misma Anotación primera especifica su carácter y finalidad espiritual por contraste con los ejercicios corporales, mediante un triple para: “para quitar de sí todas las affecciones desordenadas, y después de quitadas para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma” (Ej 1). Dado que el fin especifica los medios, la expresión de estos tres fines encadenados, especifica la dimensión antropológica genérica de estas operaciones, y expresa la especificidad espiritual de todas ellas, aún de las corporales que también prescriben las Addiciones. El título de los Ejercicios brinda una ulterior descripción de esta finalidad espiritual: “Exercicios espirituales para vencer a sí mismo y ordenar su vida sin determinarse por afección alguna que sea desordenada” (Ej 21). Dado que en la Anotación primera se ha establecido una cierta ecuación entre operaciones [el qué] y ejercicios [el cómo], el título de los ejercicios podría leerse igualmente: Operaciones espirituales para vencer a sí mismo, etc. Este texto brinda el nexo lógico que une, en la cabeza de Ignacio, el sentido de operaciones y ejercicios en la Anotación primera, con el sentido espiritual del término en sus otras recurrencias (Ej 46 y 63,3).
Anuncia Ignacio otras operaciones que ‘más adelante se dirá’. ¿Cuáles ha dejado de enumerar? Las relativas a las elecciones y al discernimiento de los espíritus, sin olvidar el diálogo con el que da los ejercicios, que es esencial a ambos efectos. Sin ellas no puede alcanzarse los fines de los ejercicios. La indiscreción sería la ruina de una recta elección, pues es la “máquina más eficaz que tiene el enemigo para quitar la verdadera caridad del corazón” y sin ella “el bien se convierte en mal y la virtud en vicio y síguense muchos inconvenientes contrarios a la intención...” (Carta a los estudiantes de Coimbra, 7 Mayo 1547).

4.2.2. - Oración preparatoria: “La oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, actiones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad” (Ej 46).

La interpretación del sentido de operaciones en este texto ofrece sus dificultades, en parte debido a razones de historia textual. Sin embargo llama la atención que la Oración Preparatoria haya sido objeto de pocos estudios a partir del que le dedicó el P. Calveras (Man 7 y 8). Los comentaristas de los Ejercicios no se detienen a explicarla o, si lo hacen, repiten más o menos fielmente a Calveras, sin ulteriores investigaciones ni explicaciones.
Para interpretar el sentido de operaciones en este texto es necesario, en primer lugar, tener en cuenta que: “el sentido general de la oración preparatoria no es el de una rectificación de la intención al comienzo de cada ejercicio, sino el de una petición del fruto general de los Ejercicios, al cual dicha oración nos prepara” (Calveras, Man 7, 206 n. 74). Las operaciones para las que se pide gracia en esta oración son las de todos los Ejercicios y las de toda la vida, actual y futura del ejercitante. En el ‘micro’ de cada ejercicio el ejercitante ensaya las intenciones, acciones y operaciones que practicará durante todo el día de ejercicios y en el ‘macro’ de su vida.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta el engarce del término operaciones en esta Oración preparatoria como tercer miembro de una terna de elementos eslabonados, que tiene toda la apariencia de ser un cuerpo extraño en el vocabulario habitual de Ignacio: intenciones, acciones y operaciones. Es la única vez que aparece esta terna. Sus tres componentes, en plural, aún por separado, casi no aparecen en otros textos. Acciones aparece por única vez aquí. Intenciones sólo vuelve a usarse en plural sola, y refiriéndose a las perversas de Satanás (Ej 325,7). Esta terna es el único lugar de los Ejercicios donde las tres palabras aparecen unidas, y en el que San Ignacio usa, por única vez, la bina de los plurales intenciones y acciones.
Todas razones para preguntarse acerca del origen de esta terna. Se ha supuesto que pudiera ser una cita implícita. Probablemente haya que atribuirla a la filosofía o a la teología escolástica “ya que los filósofos hablan de las operaciones refiriéndose a las facultades, de las acciones cuando se refieren al sujeto y atribuyen las intenciones a la voluntad” [loquuntur enim philosophi de operationibus facultatum, actiones tribuendas aiunt supposito, intentio ad voluntatem pertinet (Prolegomena in Exercitia MI Ex (1919) p.48)]. El certero instinto de Calveras lo hace pensar en alguna fórmula de oración litúrgica (Man 8, 324 n. 85).
En tercer lugar, se ha de tener en cuenta también que la palabra operaciones se agregó posteriormente a intenciones y acciones. Aparece en el Autógrafo, y en la Vulgata [operationes] pero falta en la Versio Prima, y en los códices Fabro y Regina, en los cuales se lee sólo intenciones y acciones (MI Ex p.48; Codina p.125). A. Codina lo consideró: “Indicio bastante claro no sólo de que tampoco tenía otra cosa el primer texto castellano, sino también de que tal modificación se hizo después de los estudios y es atribuible al estudio de la filosofía escolástica donde aprendería el Santo la distinción entre intenciones, acciones y operaciones, y le parecería más tarde que valía la pena de pedir a Dios gracia para que unas y otras fuesen enderezadas expresamente a su mayor gloria, con el fin de llamar la atención del ejercitante y moverle a tener cuidado, tanto de lo que hace la persona, a quien se atribuyen las acciones, como, y aún más particularmente, del uso de cada una de las facultades, que son la fuente de las operaciones” (l.c.).
Calveras considera que en la primera relacción, antes del agregado de operaciones, el término acciones incluía, en su sentido amplio, lo que Ignacio entiende por operaciones. Ignacio lo agregó después: “o [para] hacer decir a la enumeración más de lo que antes comprendía, o [para] expresar más explícitamente lo mismo”. Calveras elige la segunda hipótesis: “con añadir la palabra operaciones quiso San Ignacio declarar todo lo que él entendía en las acciones de la primera redacción, llamando la atención sobre las operaciones cuyo desorden se toca en los coloquios de la primera semana que podían no entenderse bien con la palabra acciones” (Man 8, 325 n. 86).
Esta es la misma explicación de la Oración Preparatoria que Calveras mantendrá en su edición de 1944: “todo mi querer (aspiraciones y determinaciones que constituyen las intenciones) y todo mi obrar, para con los demás (ocupaciones exteriores o acciones), y para conmigo (atenciones espirituales, intelectuales y físicas de mi vida particular u operaciones) sea puesto en orden” (p. 72, Ej 46 nota). Es la que adoptan en su seguimiento por lo general los comentaristas posteriores cuando explican o anotan el pasaje Ej 46. Arzubialde: “mi intencionalidad (querer) actividad y realizaciones concretas ulteriores” (125 n. 46). Dalmases: “’acciones y operaciones’ parece ser una endíadis como tantas otras empleados por San Ignacio” (69 n. 46). Ruiz Jurado: “intenciones, acciones exteriores y operaciones personales” (18).
El P. Calveras funda su interpretación de lo que por operaciones entendía san Ignacio, en el cotejo de pasajes de dos cartas de San Ignacio, arriba citadas, una a Teresa Rejadell y la otra a S. Francisco de Borja. Ambas tratan, manifiestamente, de las “atenciones espirituales, intelectuales y físicas de mi vida particular u operaciones”. Esto es algo que Ignacio hace incansablemente, aún cuando no use la palabra operaciones, en múltiples cartas, pero especialmente en aquellas como la de la Obediencia o de la Perfección, o en las instrucciones a los que envía, y en general en el género tan suyo de las ‘reglas’. La argumentación de Calveras no reposa en una presunción no probada de la univocidad del término, cosa por lo demás casi imposible de demostrar, sino en la mostración de la analogía de los contextos en los que el término tiene una común significación. Pero así quedan caracterizados por la misma analogía, otros múltiples contextos, cuyo carácter común es reconocible, independientemente de la presencia o no, en ellos, del término operaciones. Sobre este fundamento metódico es posible seguir avanzando en la misma dirección marcada por Calveras.


Avanzando en esa misma dirección y con el mismo método, proponemos que, sin negar lo afirmado por Calveras, es posible interpretar que “intenciones y acciones” se refiere, después del agregado de operaciones, preferentemente a la dimensión moral, es decir a todo aquello que es intencional y deliberado, mientras que operaciones corresponde preferentemente a la operación espiritual compleja y dinámica de lo que está en proceso de ser “sentido y conocido”, consultado, recibido o rechazado, en vistas a una elección.
Calveras piensa que “con añadir la palabra operaciones quiso San Ignacio declarar mejor lo que entendía en las acciones de la primera redacción [= obras, incluyendo en ellas cuanto pertenece al orden en el ejercicio imperado de nuestras potencias y facultades], llamando la atención sobre las operaciones, cuyo desorden se toca en los coloquios de la primera semana y que podían no entenderse bien en la sola palabra acciones” (Man 8,325 n. 86).
Pero con el agregado, el término acciones pierde generalidad y se hace más específico, como también cobra especificidad correlativa el término operaciones que ingresa para especificar parte del anterior contenido conceptual de acciones.
El motivo de agregar el término operaciones en la Oración preparatoria sería hacer pedir que la gracia se extienda también a todo ese mundo de operaciones desordenadas por conocer y enderezar, de mociones no sentidas por sentir y discernir, para aceptar o rechazar. Ignacio parece querer recomendar que se pida gracia en relación a las operaciones de discernimiento. Las mociones espirituales han de ser objeto privilegiado de la atención y del discernimiento espiritual tanto del ejercitante como del que le da los ejercicios. En ellas, el ejercitante no es protagonista. No tiene la iniciativa ni de la gracia ni de la tentación. Más que actuante y actor es movido y responde. Antonio Ruiz de Montoya, un místico jesuita de segunda generación, expresa así esa extraña operatividad pasiva: “Advertirás la diferencia que hay entre hombre espiritual y hombre contemplativo. El fin de aquél es pedir, el de éste es unirse con Dios por medio de la contemplación. El oficio de aquél es agere el de éste es agi; aquél hace y este padece” (69). San Ignacio dice a Sor Teresa Rejadell en la carta arriba citada: “muchas veces el Señor nuestro mueve y fuerza á nuestra ánima á una operazión ó á otra abriendo nuestra ánima; es á saber, hablando dentro della sin ruido alguno de voces, alzando toda á su divino amor, y nosotros á su sentido, aunque quisiéssemos, no pudiendo resistir”. Se trata de una operación propia pero a la que se es movido, y de la que, sigue enseñando más abajo Ignacio, se puede ser apartado o desviado. Esta amplitud interrelacional del actuar dialogal de la gracia y la libertad puede quizás expresarla mejor la complejidad y la apertura semántica que alberga el término operación que el más frecuentemente usado en el ámbito moral: acción.
Las mociones con que comienza el discernimiento dialogal de las complejas operaciones, son preterintencionales y por eso no tienen connotación moral hasta tanto que, con la gracia divina y no sin ella, sean notadas y aceptadas o rechazadas. Son parte de dichas complejas operaciones o conjunto de inter-acciones, aquellas mociones, consolaciones o desolaciones, agitaciones de diversos espíritus, sobre las que el que da los ejercicios debe mucho interrogar (Ej 6); a las que el ejercitante debe estar atento, para sentir y conocer, es decir advertirlas y discernirlas, las buenas para aceptarlas y las malas para desecharlas (Ej 313 y 328). “Mucho aprovecha, el que de los ejercicios, no queriendo pedir ni saber los propios pensamientos ni pecados del que los rescibe [el ámbito de las intenciones y acciones propias del ejercitante] ser informado fielmente de las varias agitaciones y pensamientos que los varios espíritus le traen [las mociones no intencionales, que desencadenan complejas operaciones espirituales, por la interacción de varias personas o espíritus]; porque según el mayor provecho [que saca el ejercitante de ese inter-actuar o operación], le pueda dar algunos espirituales ejercicios convenientes y conformes a la necesidad de tal ánima, así agitada [por lo mocional interpersonal operativo o interactivo]” (Ej 17).
En el Examen general plantea Ignacio una distinción semejante o equivalente entre lo intencional y lo no intencional. Es un texto análogo a los demás: “Presupongo ser tres pensamientos en mí, es a saber uno propio mío, el cual sale de mi mera libertad y querer [intención y acción], y otros dos [mociones] que vienen de fuera [de mi libertad]: el uno que viene del buen espíritu y el otro del malo [interacción, operaciones]” (Ej 32,2).
Son meras mociones de la potencia o facultad cognoscitiva, que no tendrán calidad de acción voluntaria personal y por lo tanto o moral, hasta que no sean aceptadas o desechadas consciente y deliberadamente por el sujeto. A ese complejo proceso previo puede aplicarse el término “operación”, pues con él lo designa Ignacio en las cartas cotejadas por Calveras.
Parece pues más verosímil y congruente con el contexto ver una distinción entre “acciones y operaciones” y no un paralelismo o endíadis (Dalmases, Ej 46 nota) y así lo ve Ruiz Jurado al mantener la diversidad de objetos como fundamento de la distinción entre acciones y operaciones. Si la meta de los ejercicios fuera solamente moral, el discernimiento y redirección de las operaciones, hubiera estado de más. La bondad moral del sujeto se juega a nivel de las acciones [estque id tandem unde subjecti bonitas pendet (MI, Ex (1919) p.48)]. Pero la lucha espiritual, se juega en el nivel de las mociones u operaciones.
Esta era el género de distinciones que Ignacio quería enseñar con el Examen General para examinarse en orden a la confesión y le trajo problemas en Alcalá. A la distinción entre pecado venial y mortal, le anteponía la instrucción entre lo que era y no era pecado, entre acciones (operaciones deliberadas o actos propiamente humanos) y operaciones (mociones no deliberadas) o movimientos primeros. Era la doctrina común de la Escuela, inspirada en Aristóteles, acerca de la motio o motus primo vel secundo primi: “ningún movimiento se considera como perteneciente al orden moral sino por su vinculación con la voluntad, que es el principio de la moralidad, como consta en Metaf. 6. El ámbito moral empieza donde el primer dominio de la voluntad” (In II Sent. D 24, Q 3, a.2, c).
No hay por qué suponer que, aún antes de sus estudios universitarios, Ignacio fuera tan ignorante de la doctrina moral común, manejada por sus confesores y expuesta por predicadores o en numerosas obras donde Ignacio pudo leerlas. San Ignacio reencontró en las Universidades lo que ya antes de tener letras y grados, enseñaba a sus ejercitantes. Autorizado ahora por su acreditación académica y munido de un mayor rigor de términos propone una terna, que puede sonar familiar y autorizada a los oídos del ejercitante de mes, quien había de ser alguien de mucho subjecto, y las más de las veces letrado o ingenioso (Ej 18-19).

4.2.3. - Coloquio del tercer ejercicios de la primera semana: “El primer coloquio a Nuestra Señora para que me alcance gracia de su Hijo y Señor para tres cosas [...] la segunda para que sienta el dessorden de mis operaciones para que aborreciendo me enmiende y me ordene” (Ej 63,3 segundo punto del triple coloquio). Aquí se trata de operaciones cuyo desorden está oculto a la conciencia. Es un desorden distinto de la malicia de los pecados. Se analizará este texto en el artículo Desorden de las Operaciones.

4.2.4. - Gobierno espiritual del Padre General: “Quanto a las partes que en el Prepósito General se deben desear, la primera es que sea muy unido con Dios nuestro Señor y familiar en la oración y todas sus opperationes, para que tanto mejor dél, como de fuente de todo bien, impetre a todo el cuerpo de la Compañía mucha participación de sus dones y gracias” (Co 723,2, P. 9, c.2). Aquí el sentido de operaciones es el específicamente neumático, se enumeran la oración y las operaciones no para separarlas, sino precisamente para conjugarlas en la familiaridad con Dios, y la docilidad a las operaciones del Espíritu Santo, que las hace igualmente neumáticas y espirituales. Este ayuntamiento de la oración con las operaciones sugiere que han de entenderse aquí predominantemente las operaciones propias del gobierno de la Orden, aunque sería artificial y contrario a la mente de Ignacio, separar su santidad personal, del acierto espiritual de su gobierno. Esta unión de oración y operaciones refleja dos ideas típicamente ignacianas: a) la contemplación en la acción consistente en la percepción dócil y la contemplación de la acción del Espíritu, y b) el gobierno espiritual, consecuencia de la anterior, e ideal de Ignacio para el gobierno de la Compañía. “Según San Ignacio, gobernar es dejar que el Espíritu Santo actúe en la comunidad [... como] agente principal de la historia sobrenatural de los hombres” (Lewis p.35): “Es el mismo Espíritu que nos gobierna y rige para salud de nuestras ánimas [...] Por el mismo Espíritu y Señor nuestro... es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia” (Ej 365,2-3). Y esto ha de suceder por el ministerio de los superiores que han de ser superiores spirituales (Co 89,1), para lo cual la oración ha de ser el medio principal “que junta el instrumento con Dios” (Co 813,2). El Padre General debe alcanzar en oración la gracia “para que su santísima voluntad sintamos y aquélla enteramente cumplamos” (Epp I, 79-83) pues de él depende que la cumplan enteramente los miembros de la Compañía, como eslabón de una cadena que comienza “en los particulares para con sus inmediatos superiores... y en éstos para con el General, y en éste para con quien Dios nuestro Señor le dio como inmediato Superior que es el Vicario de Cristo en la tierra, porque así enteramente se guarde la subordinación y consiguientemente la unión y caridad” (Carta de la Obediencia, 7, Epp 4,669).


5 Importancia del término


El exiguo número de veces que aparece operaciones en los textos no debe engañar acerca de su importancia relativa. Toda la primera semana queda fuertemente coloreada por el triple coloquio del tercer ejercicio, con la súplica del conocimiento interno y aborrecimiento del desorden de mis operaciones. Téngase en cuenta que operaciones es componente de la sólita (11x) oración preparatoria (18x) por lo cual, esa única ocurrencia textual comanda unas 150 reiteraciones reales del concepto operaciones durante los ejercicios de mes. Para el ejercitante, sus operaciones han de ser algo bien reconocible y han de estar siempre en su mira. A pesar de que en la Anotación primera se anuncian "otras espirituales operaciones que más adelante se dirá", San Ignacio no vuelve a usar el término operaciones para nombrarlas a lo largo de los Ejercicios. ¿A cuáles se refiere? Las adiciones, el trato con el que da los ejercicios, el discernimiento de las mociones, las elecciones, son todos conjuntos de actos de las diversas facultades y potencias tendientes a un fin, y se ajustan a la descripción de lo que Ignacio llama operaciones, y a la definición que Calveras derivó de esos textos, aunque al tratar de ellas en los Ejercicios no les aplique más ese nombre.

Bibl. MHSI, MI, Exercitia Spiritualia Sancti Ignatii de Loyola et eorum Directoria, Matriti 1919 (=MI Ex (1919))
MI, Sancti Ignatii de Loyola Exercitia Spiritualia (J. CALVERAS – C. DE DALMASES) Romae 1969

ARZUBIALDE Santiago, Ejercicios de San Ignacio. Historia y Análisis. (Col. Manresa 1) Mensajero – Sal Terrae, Bilbao – Santander 1991

CALVERAS José, “Tecnicismos explanados. I. Quitar de sí todas las afecciones desordenadas, II. Afección Desordenada. C. Affecciones en Particular Manresa 2 (1926/2) Nº 6, 119 - 132; “La Oración preparatoria” Manresa 2 (1926/3) Nº 7, 201- 215; 2 (1926/4) Nº 8, 322 - 332

CALVERAS José, Ejercicios Espirituales Directorio y Documentos de S. Ignacio de Loyola, Ed. Balmes, Barcelona 1944

CODINA Arturo, Los orígenes de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Estudio histórico. Biblioteca Balmes, Barcelona 1926

DALMASES Cándido de, Ejercicios Espirituales. Introducción, texto, notas y vocabulario por Cándido de Dalmases, Santander 1990

LEWIS Jacques, Le Gouvernement spirituel selon Saint Ignace de Loyola, (Studia: Recherches de Philosophie et de Théologie publiées par les Facultés S. J. de Montréal, 12) 1961

RUIZ JURADO Manuel, Para encontrar la voluntad de Dios. Guía de Ejercicios Espirituales, BAC, Madrid 2002

RUIZ DE MONTOYA Antonio, Sílex del divino amor, Introducción transcripción y notas de José Luis Rouillon Arróspide, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima 1991

WATRIGANT Enrique, La Genèse des Exercices de saint Ignace de Loyola; Amiens, 1897