D 13 LA VIRGEN MARÍA SEGÚN LOS EVANGELISTASLA VIRGEN MARÍA

Como la vieron los cuatro Evangelistas


"La Biblia, al proponer de un modo admirable
el designio de Dios par la salvación de los hombres,
está toda ella impregnada del misterio salvador
y contiene además, desde el Génesis hasta el Apocalipsis,
referencias saludables a aquélla que fue
Madre y Asociada al Salvador.
Pero no quisiéramos que la impronta bíblica
se limitase a un diligente uso de textos y símbolos
sabiamente sacados de las sagradas Escrituras;
comporta mucho más:
requiere, en efecto, que de la Biblia tomen sus mismos términos
y su inspiración las fórmulas de oración
y las composiciones destinadas al canto:
y exige sobre todo, que el culto a la Virgen esté impregnado
de los grandes temas del mensaje cristiano,
a fin de que al mismo tiempo que los fieles veneran
la Sede de la Sabiduría,
sean también iluminados por la luz de la palabra divina
e inducidos a obrar según los dictados
de la Sabiduría encarnada"
(Pablo VI, Exhortación Marialis Cultus,
sobre el culto a la Santísima Virgen María)

“Si es verdad que - como proclama el Concilio Vaticano II –
‘el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del
Verbo encarnado’, es necesario aplicar este principio de modo
Muy particular a aquella excepcional ‘hija de las generaciones
Humanas’, a aquella ‘mujer’ extraordinaria que llegó a ser
Madre de Cristo. Sólo en el misterio de Cristo se esclarece
plenamente su misterio”
(Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris Mater
Sobre la Bienaventurada Virgen María en la vida de la
Iglesia peregrina)


En memoria de Julieta Arocena
cuya invitación a predicar sobre María
en la Catedral de Montevideo
en el Adviento de 1974
motivó estas páginas


INDICE

 

PRÓLOGO

A la segunda edición

 

A la quinta edición

INTRODUCCIÓN: María en el Nuevo Testamento

1. MARÍA SEGÚN SAN MARCOS

2. MARÍA SEGÚN SAN MATEO

3. MARÍA SEGÚN SAN LUCAS

4. MARÍA SEGÚN SAN JUAN

CONCLUSIÓN

APÉNDICE: El Género literario Evangelio

OBRAS CONSULTADAS


 

PRÓLOGO

A la segunda edición

Estos cuatro estudios sobre la figura de María a través de los evangelistas tienen su origen en cuatro predicaciones de Adviento pronunciadas en la Catedral de Montevideo en 1974. Para su publicación sólo suprimimos referencias de circunstancia al lugar, auditorio, tiempo litúrgico y contexto eucarístico. Cercenamos también algunas amplificaciones que exige el estilo oral, pero el texto es sustancialmente el mismo. Ello explica que conserve un aire próximo al de las conferencias, así como la ausencia de notas y aparato científico.

En atención a la posible curiosidad del lector, desde la primera edición introdujimos una lista bibliográfica que no pretendía ser exhaustiva sino meramente indicativa de las principales obras consultadas y de otras que deseábamos señalar como útiles a nivel introductorio o de ampliación. Puesto que prescindimos de notas, nos pareció que esta era además una forma justa de reconocer nuestra deuda de gratitud con los autores a cuyas obras debíamos información y estímulo.

El buen recibimiento que le depararon a la primera edición tanto la crítica como los lectores ha superado nuestras previsiones. Traducciones en portugués, inglés, holandés y japonés han llevado la obra a públicos lejanos y hay otras traducciones en preparación.

Aparte de algunas pequeñas correcciones, esta segunda edición no cambia ni agrega nada a la primera. No se trata de una monografía científica y nos ha parecido que el texto, tal como está, conserva su plena utilidad y su valor. Nos pareció riesgoso aventurar cambios o introducir amplificaciones que hubieran podido alterar su equilibrio. Tras algunas vacilaciones hemos convenido con los editores en mantener incambiado también el título. Apenas nos hemos permitido algunas actualizaciones en la Bibliografía.

La segunda edición nos da la oportunidad de decir, en este prólogo, algunas cosas que nos pareció pretencioso anteponer a la primera. La difusión alcanzada por esta obrita justifica ahora que agradezcamos lo que debemos al magisterio de Pablo VI en su Discurso del 14 de marzo de 1974 a la Comisión Bíblica y en su Exhortación Apostólica “Marialis Cultus”; a la asamblea de creyentes para la cual y ante cuya presencia estimulante evocamos la figura de María en el Adviento de 1974 y a la Editorial que nos hace posible llegar a tantos lectores.

A la quinta edición

Tras la segunda edición de la editorial San Pablo, Buenos Aires, hubo una tercera edición sin variantes, de la Editorial Sal Terrae, Salamanca. En la cuarta edición, de la fundación Gratis Date, Pamplona se agregó información sobre el género literario al que pertenecen los evangelios y se retocaron levemente el capítulo dedicado a la presentación que san Lucas hace de María.

En la presente quinta edición, la información sobre el género literario evangélico se mantiene en forma de apéndice, al final del libro.

Me auguro que esta edición que emprende ahora la Comunidad de Convivencias con Dios siga contribuyendo a difundir la devoción a María.


INTRODUCCIÓN

María en el Nuevo Testamento

            Un hecho que llama la atención cuando buscamos lo que se dice en el Nuevo Testamento, acerca de la Santísima Virgen María, es que de los veintisiete escritos que forman el canon del Nuevo Testamento, sólo en cuatro se la nombra por su nombre: María. Y son éstos los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, y el libro de los Hechos de los Apóstoles. Otro libro más, el evangelio según san Juan, nos habla de ella sin nombrarla jamás, y haciendo siempre referencia a ella como la madre de Jesús, o su madre. Fuera de estos cinco libros, ninguno de los veintidós restantes nos habla directamente de María. Sólo los ojos de la fe han sabido atribuirle la parte que tiene en aquellos pasajes en que - por ejemplo - se habla de que Jesús es el Hijo de David, o de que somos Hijos de la Promesa, o de la Jerusalén de arriba, o que el Padre nos envió a su Hijo, hecho hijo de mujer; o han sabido reconocerla en la misteriosa Mujer coronada de astros del Apocalipsis.

            Explícitamente nombrada en sólo cinco libros de los veintisiete, María parece haber sido reconocida - si nos atenemos a una primera impresión - por sólo la mitad de los hagiógrafos (escritores inspirados) que escribieron el Nuevo Testamento. De ocho que son, sólo cuatro nos hablan de ella: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. No nos hablan de ella ni Santiago, ni Pedro, ni Judas. Pablo sólo alude indirectamente a ella en Gálatas 4, 4-5.

            Por lo tanto, hablar de la figura de María en el Nuevo Testamento, es hablar de María a través de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, o sea a través delos evangelistas.

            Nótese que no decimos a través de los evangelios, sino a través de los evangelistas. Porque casi podría decirse a través de los evangelios, si no fuera por una referencia que el evangelista Lucas hace fuera de su evangelio, en el libro de los Hechos de los Apóstoles (1,14) y por lo que puede interpretarse que de ella dice Juan en el Apocalipsis, identificada ya con la Iglesia.

            María en el Nuevo Testamento, es prácticamente, por lo menos principalmente: María en los evangelios. Porque fuera de ellos no se nos dice prácticamente más, o mucho más, acerca de María.

            Para contemplar la figura de María a través de los evangelios podríamos seguir dos caminos que vamos a llamar: el camino sintético y el camino analítico. El camino sintético consistiría en sintetizar los datos dispersos de los cuatro evangelios en un solo retrato de María. Consistiría en trazar un solo retrato a partir de la convergencia de cuatro descripciones distintas.

            O se puede seguir otro camino, el analítico - y es el que hemos elegido - que consiste en considerar por separado las cuatro imágenes o semblanzas de María.

            El primer camino sintético, se hubiera llamado propiamente: La figura de María en los Evangelios. Este segundo camino que queremos seguir es en cambio el de la figura, o más propiamente, las figuras, los retratos de María a través de los evangelistas.

            Por supuesto, bien lo sabemos, hay un solo Evangelio: el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Pero el mismo Dios que dispuso que hubiera un solo mensaje de salvación, dispuso también que se nos conservaran cuatro presentaciones del mismo.

            El único Evangelio es, pues, un evangelio cuadriforme, como bien observa ya san Ireneo, refutando los errores de los herejes que esgrimían los dichos de un evangelista en contra de los dichos de otro (Adv. Haereses III,11).

            Esta presentación cuadriforme de un único Evangelio es la que nos da la profundidad, la perspectiva, el relieve de las miradas convergentes. Una sola visión estereofónica o estereofotográfica de Jesús. Un solo Jesús y una sola obra salvadora pero cuatro perspectivas y cuatro modos de presentarlo - a Él y a su obra -. Cada uno de los evangelistas tiene su manera propia de dibujar la figura de Jesucristo. Y todo lo que dice cada uno de ellos está al servicio de esa pintura que nos hace de Jesús.

            ¿Hay que extrañarse de que, consecuentemente, seleccione los rasgos históricos, narre los acontecimientos, altere a veces el orden cronológico o prescinda de él, para seguir el orden de su propia lógica teológica (si vale la redundancia) y subordine el modo de presentación de los hechos y personas al fin de mostrar de manera eficaz a Jesús y su mensaje, según su inspiración divina y las circunstancias de oyentes, tiempo y lugar?

            ¿Y nos habríamos de extrañar de que las diversas perspectivas con que los cuatro evangelistas nos narran los mismos hechos y nos presentan a Jesús, dieran lugar a cuatro presentaciones distintas de María?

            Dado que el misterio de María es un aspecto del misterio de Cristo, todo lícito cambio de enfoque del misterio de Cristo (que como misterio divino es susceptible de un número inagotable de enfoques diversos - aunque jamás puedan ser divergentes - ), comporta sus cambios de armónicos y de enfoque en el misterio de María.

            Hay pues un solo Jesucristo en cuadriforme presentación, y hay también un solo misterio de María en presentación cuadriforme. Y hay, además, una coherencia muy especial y significativa, entre el modo cómo cada evangelista nos muestra a Jesús y el modo cómo nos muestra a María, al servicio de su presentación propia de Jesús.

            Dejémonos guiar de la mano sucesivamente por cada uno de los cuatro evangelistas. Y a través de su manera de presentarnos la figura de María, tratemos de penetrar más profundamente en su comprensión del Señor. La máxima: A Jesús por María no es una invención moderna; hunde sus raíces en la bimilenaria tradición de nuestra Santa Iglesia. Ella arraiga en los evangelios; y, en cuanto podemos rastrearlo valiéndonos de ellos, incluso en una tradición oral anterior a ellos y de la cual ellos son las primeras plasmaciones escritas.

            Dejemos, pues, que los evangelistas nos lleven a través de María a un mayor conocimiento del Señor que viene y que esperamos.