LA    DESACRALIZACIÓN    DE    LA    FAMILIA

En el mundo globalizado

P. Horacio Bojorge S.J.

2° Congreso Rioplatense por la Vida y la Familia,

Montevideo 13-14 agosto,2016

           

Me toca explicitar los implícitos. Todos aquí damos por entendidos supuestos religiosos. Es decir a Dios. No lo hemos nombrado, pero ahora es mi tarea de explicitar al Dios implícito.

Los puntos que pienso desarrollar en esta conferencia son

1-      Introducción: La desacralización de la familia.

2-      Las dimensiones divinas de la familia.

Según la Revelación: Santidad –Antiguo Testamento

                                                   Sacralidad – Nuevo Testamento.

3-      Lutero – negación del carácter sacramental y secularización del matrimonio

4-      La Religión del Progreso. Desacralización de las Ciencias del Hombre. Ejemplo Claudio Levy-Strauss .

5-      El Dios Pariente. La Religión es Parentesco.

6-      Conciencia de la desacralización.

7-      Suprema Epifanía de Dios está en  lo interpersonal  jen-jeséd  gracia-misericordiosa.

8-      Conclusión.                  

 

LA FAMILIA ANTE LA DESACRALIZACIÓN GLOBAL[1]

Horacio Bojorge

     Exordio

     Agradezco a los organizadores de este 2° Congreso Rioplatense por la Vida y la    

     Familia, la invitación a exponer al cierre del cuyo tema  ha sido: La Respuesta

     Ciudadana ante el Avasallamiento del Nuevo Orden Mundial.

Comparto plenamente las preocupaciones- y por qué no decirlo- las angustias que mueven y han movido a los organizadores de este Congreso, y de otros congresos en que he participado  y que son fundamentalmente las tres siguientes:

  1. Por un lado, la angustia ante la globalización y la aceleración vertiginosa del proceso de ruptura entre las visiones de la cultura dominante postmoderna por un lado, y la visión revelada por Dios de la que es depositaria la Iglesia católica por el otro. Ruptura caracterizada por una hostilidad cada vez más explícita y un antagonismo cada vez más tiránico, radical e intransigente, de parte de los estados modernos- o sea, en términos bíblicos, de los reyes y poderes de este mundo- los Herodes que procuran doblegar toda resistencia a sus arbitrios.
  2. Por otro lado, la preocupación por la defensa y la preservación de la identidad y de la vitalidad mística de la familia católica, sin la cual no puede subsistir, ya que sin el gozo del Señor no hay fortaleza. Vemos cómo el pueblo católico sitiado por un medio inicuo, se entibia en sus virtudes teologales, es víctima de un estado de confusión, deambula vacilante y confundido, pierde autoconciencia de identidad, se cohíbe, se avergüenza, vive de espaldas a la grandeza de su vocación y misión, privado de los consuelos del fervor que brinda la fe firme, la caridad ardiente, la alegre esperanza; privado también de estos bienes por el olvido de su misión histórica para salvación del género humano y por la consiguiente pérdida de su identidad.
  3. Y por fin, quizás lo más angustiante, la apostasía. Primero anónima y que tarde o temprano se hace manifiesta. Una apostasía cuyos signos son: la dramática infiltración de los criterios de la cultura dominante en la inteligencia de los bautizados. La existencia de un partido del mundo dentro de la Iglesia, que conglomera a los bautizados rebeldes a la disciplina, que se inventan a su gusto los sentidos de las Escrituras, pero lo disimulan con un comportamiento ambiguo e hipócrita infieles también a la Iglesia. Partido que recluta a un número creciente de bautizados, sin exclusión de eclesiásticos, quienes con medios y desde instituciones culturales católicas que fueron fundadas para defensa y propagación de la fe, se ocupan en demolerla convencidos de que, haciéndolo, sirven a Dios.

Estamos viendo el fenómeno de la sal que pierde el sabor y de la luz que se vuelve mortecina. Sal y luz, no actúan por la palabra, sino por la sola, pura y mera presencia. En vano se renovarán nuestros discursos, cambiaremos los paradigmas, y nos daremos contra los poderes políticos si desaparecemos como realidad de gracia en el mundo. Por el contrario, existiendo nosotros como luz y sal, es decir como realidades divinas, como hijos  de Dios auténticos, por sí solas se derrumbarán las murallas de Jericó y las fortalezas.

Como estudioso de las Sagradas Escrituras, lo que se puede esperar de mí y lo que me ha sido dado para aportar aquí, al cierre de las antecedentes exposiciones, son algunos principios bíblicos- llamémosle de teología bíblica- para la profundización creyente que nos permita entender mejor la naturaleza, la esencia espiritual de este fenómeno histórico actual del avasallamiento de la familia que nos preocupa y nos congrega.

La teología de la liberación intenta algo semejante al recurrir a las Sagradas Escrituras para fundamentar sus reflexiones. Pero sus autores se aproximan a la Sagradas Escrituras desde el modo protestante de la libre interpretación de la Escritura, lo cual los deja a merced de sus propias categorías de pensamiento propias pre bíblicas,  ideológicas y por fin político-partidarias.

Al respecto dijo el rabino Abraham Heschel a un grupo de teólogos en una conferencia que dictó sobre el futuro de la teología: “siempre me ha resultado intrigante lo muy apegados que parecen estar ustedes a la Biblia, y cómo la manejan  luego  igual que los paganos. El gran desafío para aquellos de nosotros que queremos tomar la Biblia en serio, es dejar, que nos enseñe sus categorías eclesiales propias; y después, pensar nosotros con ellas, en lugar de pensar acerca de ellas.”[2]

Algo de eso es lo que deseo e intento brindar hoy en esta exposición, al enfrentarme al drama nos abruma, y en la esperanza de que pueda iluminarnos los caminos de la acción. ¿Podríamos intentar entender la verdadera naturaleza espiritual de la guerra legal y cultural contra la familia entendiéndola con las categorías bíblicas? ¿Podríamos entender el sentido histórico y salvífico de lo que nos sucede en nuestras familias?

Debo limitarme a escoger algunas de esas categorías bíblicas o verdades reveladas por Dios en las Sagradas Escrituras, que me han iluminado a mí personalmente; algunas de las cuales he ido meditando, madurando y exponiendo en algunas conferencias y escritos.

Las familias que tengo principalmente en vista al considerar este tema son las familias católicas. Me refiero prioritariamente a ellas porque es a ellas a las que apunta y las que motivan el avasallamiento de la familia también en el puro orden natural. Si ellas se extinguieran todas, las victorias legales habrían sido en vano.

       Es por ello que estimo que a lo que deberíamos atender y tender prioritariamente, es a preservar las familias católicas existentes y en germen. Sustraerlas en todo lo posible al estado bulldozer moderno que arrasa con la institución en sí.

       No es que limite mi atención a la familia católica lo que, por otra parte es un bien cada vez más escaso, o una especie en peligro en extinción; sino  que lo hago conforme a aquello de san Pablo: “Así que mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero preferentemente (málista) para que los habitantes en la familia de la fe(pro tous oikéious tês  písteos, literalmente: los que habitan en la misma casa de la fe)[3].

       Dios nos revela en las Sagradas Escrituras  su proyecto acerca de la familia. Abraham fue elegido como padre de un pueblo cuya destinación era la salvación y la bendición de todas las naciones. Esa intención divina se prolonga en Cristo, hijo de Abraham e hijo de David, heredero de todas las promesas, y en la Iglesia católica, Cuerpo místico de Cristo, presente en la historia y copartícipe en las persecuciones del mundo. Lo que más sirve a la sociedad y a la Humanidad es la salud del Cuerpo místico de Cristo. La salud de los matrimonios católicos y de cada familia católica. Ese óptimo de salud, que se realiza en y por la optimización del orden sacramental: el culto eucarístico y el culto matrimonial.

1.2.  La familia ante la desacralización global

Juan Pablo II y Benedicto XVI ante el secularismo

El título de  mi conferencia: “la familia ante la desacralización global”, sugiere ya que entiendo que la familia católica es una Institución religiosa, santa, sagrada. Los últimos papas lo vieron venir y lo señalaron. Ya en la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, Juan Pablo II había advertido que la confrontación con el secularismo era el primero de los dos compromisos ineludibles y el principal al ingresar en el Tercer Milenio[4]. (El otro es la relación con las demás religiones).

Benedicto XVI retomó esa consigna y la hizo propia en el plano de la familia que nos ocupa. En un discurso al Pontificio Consejo para la Cultura[5] dijo en marzo de 2008, retomando pensamientos expresados en su discurso en la Sorbona y en el que destinaba a la Sapienza:

 “La secularización, desacralización que se presenta en las culturas como planteamiento del mundo y de la humanidad sin referencia a la trascendencia, invade todo aspecto de la vida cotidiana y desarrolla una mentalidad en la que Dios  está de hecho ausente en todo o en parte, de la existencia y de la conciencia humana.

Esta secularización, desacralizadora no constituye sólo una amenaza externa para los creyentes, sino que se manifiesta, ya desde hace tiempo, en el seno mismo de la Iglesia. Desnaturalizada desde dentro y en profundidad la fe cristiana y, en consecuencia, el estilo de vida y el comportamiento diario de los creyentes. Ellos viven en el mundo y frecuentemente están marcados, si no condicionados, por la cultura de la imagen que impone modelos e impulsos contradictorios, en la negación práctica, de Dios: ya no hay necesidad de Dios, de pensar en El y de volver a El”.

“La consecuencia [de este extendido fenómeno] ha sido que el hombre contemporáneo tiene con frecuencia la impresión de no necesitar ya a nadie para comprender, explicar  y dominar el universo; se siente el centro de todo, la medida de todo.”[6]

Estas palabras de Benedicto XVI nos amonestan a que, cuando pensamos en una respuesta ciudadana al avasallamiento de la familia, pongamos en primer lugar la defensa de los vínculos que unen a Dios con la familia y a la familia con Dios. Porque o bien nuestra respuesta a la violencia global contra la familia es religiosa,  es respuesta de fe, y la dan familias creyentes, o bien no es respuesta eficaz, sino reacción ciega y por eso ineficaz. Sabemos que la reacción  del débil ante el poderoso en términos puramente civiles, sirve a los fines del poderoso y refuerza las cadenas del débil. Dicho en lenguaje revelado “Sin mí nada podéis hacer”[7]. Y, por el contrario: “todo lo puedo en aquel que me robustece”[8].

1.3.  Una encrucijada dramática

Como lo formuló ya hace años el entonces Cardenal Joseph Ratzinger en el Informe sobre la Fe nos encontramos en una encrucijada y ante una dramática diyuntiva: “O la Iglesia- decía- encuentra un camino de acuerdo, un compromiso con los valores aceptados por la sociedad a la que quiere continuar sirviendo o decide mantenerse fiel a sus valores propios(valores que a su entender son los que tutelan las exigencias profundas del hombre) y entonces se encuentra desplazada respecto de la sociedad”[9].

       La alternativa que planteaba el Cardenal, nos exige pensar si la manera de continuar sirviendo  la sociedad es asimilarnos a ella a costa de nuestra identidad creyente [camino que ha llevado a tantos bautizados a la apostasía], o caer en la cuenta de que el modo de servir a la humanidad que ejercitó la Iglesia durante siglos fue precisamente, ser fiel a su identidad. Hijos de Dios, Esposa de Cristo, y que eso debe ser para nosotros el ejemplo a seguir hoy, aún a costa de vernos desplazados de la sociedad, pero la fuente de nuestro vigor y acción salvífica.

        En otras palabras, o damos una respuesta religiosa a la violencia globalizada contra la familia o pactamos un inconsciente compromiso con el enemigo al aceptar sus principios tácitos y asumimos también nosotros, sin advertirlo, un ateísmo práctico, al asumir su antagonismo.

       Al decir de San Ignacio de Loyola, los males espirituales, reclaman remedios espirituales. Y los ataques al espíritu de la familia reclaman remedios espirituales, y esos son los que Cristo nos dejó en los sacramentos. En ellos Cristo sigue ejerciendo una acción intrahistórica no desdeñable y sin embargo frecuentemente desdeñada en el último medio siglo.

      

       Por eso deseo exponer aquí que, según la revelación judeo-cristiana, Dios es miembro de la familia y que la familia es una realidad santa, más aún: sagrada o sea divina. Y que es consecuencia de la aversión a Dios y su obra intrahistórica. Lo que se hace a la familia se le hace a Dios y viceversa.

1.4. Familia y desacralización

Me acerco así al punto focal de esta conferencia. Tratar de la familia como víctima de un ataque desacralizador; más aún víctima de un avasallamiento consumado, supone que es una realidad sacra, y aconseja empezar mostrando cómo y en qué sentido es sagrada. De lo contrario no tendríamos una brújula para nuestra inteligencia que nos permita enfilar a responder el avasallamiento consumado, con una re-consagración o dicho más enérgicamente, con una re-consacralización de la familia.

Conviene pues ubicar la familia, y también a sus adversarios en su marco escriturístico, ya que en las Sagradas Escrituras encontramos la revelación divina acerca del hombre, - de su origen santo y de su meta sagrada -, y consecuentemente, encontramos en ellas, la revelación acerca del carácter inicialmente santo y finalmente sagrado de la familia humana, tanto considerada en general, atinente a la familia en su estado caído y corrupto, como en su santificación inicial en el Pueblo de Israel y por fin en su sacralización en la Iglesia.

Esas son las categorías que debemos instalar en nuestra mente para pensar con ellas, pero también las resistencias a esta acción.

       Contra esa visión insurgen las visiones ateas, naturalistas del ser humano y la familia, de las cuales tomaré como modelo la del antropólogo atea Claude Lévi- Strauss, a la que quiero referirme en cuanto me lo permita el tiempo.

       Hay pues que advertir que desde el punto de vista de la santidad y sacralidad de la familia, debemos distinguir dos estados o formas de santidad de la familia bíblica. Una es la santidad de la familia en el Antiguo Testamento, y otra su sacralización  por Cristo, en el Nuevo. Según la ley hermeneútica que rige la relación entre ambos Testamentos, podemos afirmar que la familia del Nuevo Testamento estaba oculta en la del Antiguo y la familia del Antiguo Testamento alcanza su plenitud en el Nuevo.

Pero tanto la una como la otra, están destinadas a la salud de la familia humana entera “En tu simiente serán bendecidos todas las familias corrompidas de la tierra”[10]. El que te bendiga será bendito. Pero desde ya se  previene que habrá quien la maldiga también.

2. LAS DIMENSIONES DIVINAS DE LA FAMILIA SEGÚN LA REVELACIÓN BÍBLICA. SANTIDAD Y SACRALIDAD.

2.1. La santidad del matrimonio y la familia en el Antiguo Testamento

Ante todo definamos la santidad. Santidad es un atributo divino resultante de la conjunción de otros dos atributos: su lejanía de su trascendencia, omnipotencia, eternidad, etc. y la cercanía que su condescendencia genera por el amor expresado en la Alianza.

       El motivo por el cual en el Antiguo Testamento, la familia es santa, es porque Dios es un miembro de la estructura de parentesco de la familia patriarcal y por lo tanto del clan y del pueblo de la Alianza, en la plenitud de sus doce tribus.

       Dios entra en relación de parentesco con los patriarcas por el establecimiento de una Alianza. Y se comporta como verdadero pariente, asumiendo y cumpliendo los  deberes de protección y providencia de un buen pariente. Yahveh es no solamente el Dios de los Padres, sino el pariente divino. Es, literalmente: el “Pájad Itzjaq” el “Pariente de Isaac”[11].

La santidad de Dios es la iniciativa amorosa que lo aproxima, lo hace prójimo de Abraham. La respuesta a la iniciativa divina: es su santidad.

       En el Antiguo Testamento la motivación a la santidad de la familia, la expresa el Levítico 20,26 en su Código de Santidad en estos términos: “Sed santos porque yo Yahveh, vuestro Dios, soy santo”. La santidad consiste en esta pertenencia  recíproca que es la del parentesco de Alianza: “Soy vuestro Dios, sois mi pueblo, eres nuestro Dios, somos tu pueblo”. “Él es nuestro Dios, a Él pertenecemos”[12].

En esta visión, el matrimonio entre los miembros del pueblo de Dios, es una realidad religiosa porque el amor humano es una imagen y semejanza  del amor divino y porque de él  nacen los hijos de la Promesa. La Promesa se le hace a los Patriarcas y se cumple en el vientre de las Matriarcas.

       Hablando en general de los vínculos de parentesco, se reconoce en ellos dos tipos o formas: de alianza o de sangre. Ahora bien, el parentesco establecido por alianza es la fuente de todo vínculo de parentesco de sangre.

La alianza es la forma de parentesco que se entabla libremente. Mientras que el vínculo de sangre precede a la libertad, se le impone biológicamente, como a los animales que no son libres. El vínculo de sangre entre humanos reclama ser asumido porque puede ser negado o rechazado. El parentesco de Alianza es, por el contrario, libre;  y es el vínculo espiritual, voluntario y libre más adecuado a la condición de los seres libres y espirituales. Es el parentesco humano por excelencia. Y el vínculo religioso en Israel y la Iglesia es un vínculo de parentesco.

A esta luz toda apostasía es ruptura de Alianza es “divorcio”  de Dios.

       Por la Alianza con Abraham y su descendencia, Dios se ha hecho por amor, libremente, miembro de la familia, del clan, de la tribu y del entero pueblo de la Alianza. Pero esta Alianza está atada todavía, de alguna manera, a la descendencia según la sangre, pero no es suficiente. El pueblo entero ha elegido hacerse pariente de Dios por Alianza pero ha de renovar su Alianza de generación en generación[13]. Para los hijos de Israel, la Alianza es revelación del Pariente divino: “No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo te auxilio, oráculo de Yahveh, y tú Go´el [tu pariente fuerte y auxiliador] es el Santo de Israel”[14].

       El Cantar de los Cantares, supone la visión bíblica de la Alianza, como epifanía de amor, ya sea divino, ya sea humano, y enmarcándose en la tradición profética, considera el matrimonio de Dios con su pueblo como análogo a la Alianza esponsal, celebra el amor entre hombre y mujer, como una centella o llamarada, desprendida del fuego del amor divino[15].

Serios trabajos arqueológicos e históricos, como los de W. F. Albright  y R. De Vaux[16], nos permiten afirmar con plena verdad y fundamento, que son rasgos propios, distintivos de la religión bíblica:

1°) Considerar al Dios del Padre como un Dios-pariente, el primero y máximo Goel de todo el pueblo.

2°) Ver una Epifanía de Dios en las relaciones de parentesco y en los términos de alianza de parentesco. Podríamos decir: santificar la esfera familiar. Más aún, la esfera de lo interpersonal.

3°) Considerar que el Dios pariente o Go´el asegura con sus promesas  y con su Auxilio, tanto la descendencia como el alimento, primero del clan y más tarde del pueblo entero, convertido en nación. Esta fe patriarcal perdurará, como veremos a continuación, tanto en la Ley como en los Profetas o Salmos.

2.2. La sacralidad del matrimonio y  la familia en el Nuevo Testamento

El motivo por el cual la familia en el Nuevo Testamento es no solamente santa sino, aún más, sagrada, es, en cierto modo inversa. En el Nuevo Testamento ya no se trata de que Dios sea un miembro del clan humano, sino que ahora son los hombres  quienes pasan a ser admitidos como miembros de la familia divina por una gracia de divina regeneración. Pasan a ser hijos de Dios, hermanos menores de Cristo, y todos ellos, como humanidad llamada, Iglesia, son la Esposa del Verbo.

       En efecto, Jesucristo enseña que los hombres, al acceder a la condición de hijos de Dios, entran a formar parte del Nosotros divino. “Que sean uno como nosotros somos uno” “El que a vosotros desprecia a mí me desprecia y el que me desprecia a mí, desprecia al que me envió”.

       El que toca a un miembro de nosotros toca toda la red de relaciones internas al Nosotros divino humano. Un Nosotros divino que comienza ahora a abarcar en su ámbito de comunión de vida y pertenencia amorosa a todos los que creen y viven como hijos de Dios. Se amplía así el Nosotros y empieza a ser un Nosotros Divino-humano.

       Pero a la luz de esta visión, el avasallamiento de la familia es una agresión contra Cristo mismo y contra Dios Padre. Es la rebelión contra el Padre.

Estamos ante un hecho de naturaleza religiosa.

       Desde Cristo y de la vocación de los primeros discípulos, los hombres ingresan en el parentesco divino al ingresar en la comunión trinitaria.

       La consecuencia para la realidad matrimonial- que une dos hijos de Dios en  amor esponsal- es que su amor, ya no es solamente una flecha encendida, o una centella desprendida del fuego celestial, o una llama del amor divino que incendió dos corazones humanos- al decir del Cantar de los Cantares- sino que es algo aún más sagrado a lo que se llamará: sacramento.

       Este tipo nuevo de matrimonio, entre dos hijos de Dios, funda un nuevo tipo ideal de familia: la familia católica fundada por un matrimonio sacramental. No hay arma más poderosa y divina contra el ataque a la familia por la desacralización que su resacralización por la vida matrimonial sacramental.

2.3. Lutero y la desacralización

Hablo siempre de familia católica, y no familia cristiana, porque Lutero no lo vio así, ni lo sigue considerando así su posteridad espiritual de cristianos no católicos o de bautizados que no viven como hijos[17]. La desacralización comienza con el Reformador y continúa con las comunidades evangélicas de la Reforma Luterana, Calvinista , etc.

       Lutero, por negarle carácter sacramental al matrimonio, abre el camino al proceso de desacralización y secularización del matrimonio y la familia que estamos viendo culminar en nuestros días y culminó en el divorcio civil.

“Es con Lutero, y más en general, con la Reforma – se ha afirmado fundamentalmente- que, dos siglos antes del desencadenamiento de la furia de las revoluciones burguesas contra lo sagrado, comienza la desacralización y secularización de la familia. Las consecuencias jurídicas de la doctrina de Lutero acerca del matrimonio se han visto solamente doscientos cincuenta años más tarde.  Es también con Lutero, -que motejaba a su mujer como “la doctora Catita” -, que comienza la transferencia de las responsabilidades educativas de los hijos, de manos del padre a las manos de la madre”. En efecto, a partir de entonces reducirá su rol a lo económico [alimentación y provisión de servicios] y comenzará el progresivo debilitamiento de la cultura paterna y de la patria potestad.

Se ha señalado también cómo: “la Reforma protestante tuvo un rol determinante en promover el debilitamiento conjunto de la figura paterna tanto humana como divina, y en preparar la deriva secularista de la familia. La Reforma introduce la separación entre el Reino de Cristo y la sociedad humana al relegar la institución matrimonial al ámbito de lo exclusivamente civil y terreno. Con Lutero, el matrimonio sale del ámbito jurídico del reino espiritual y es entregado al orden del mundo secular, sometido al ordenamiento jurídico civil”[18].

Es una dramática obnubilación que impide  ver la sacralidad de la cultura católica, y de la verdad del matrimonio entre bautizados.

Se puede afirmar que la doctrina de Lutero sobre el matrimonio abrió la puerta a la ulterior estatización de la patria potestad, que hasta entonces reposaba en la relación religiosa del padre terreno con el Celestial. Uno de los factores más fatales de la desacralización de la familia es el eclipse de la figura paterna, la desaparición del varón paterno, que es  reflejo terreno de la figura del Padre celestial[19] .

En este sentido, la respuesta al avasallamiento de la autoridad paterna, sólo puede ser fáctica, restauradora, repicando el individuo la fórmula bíblica y eclesiástica.

Lutero afirma, que todo lo relativo al matrimonio y la familia es del resorte de los juristas y es de orden mundano y, en consecuencia, que el divorcio tampoco atañe a la Iglesia sino al estado. Puesto que el matrimonio es un asunto mundano, exterior, como lo son la mujer, la casa, los hijos, la hacienda y todo lo demás, está sujeto a las autoridades seculares y sujeto exclusivamente a la razón[20]. El lógico resultado de esta visión secularizada de la institución matrimonial, cuyo carácter sacramental es negado, es que, en nuestros días, la vemos librada a un derecho positivo independizado de la ley natural.

GK Chersterton vio claramente que el divorcio era el arma del estado contra la familia para tener delante de sí solamente individuos e individuos indefensos.

3. LA DESACRALIZACIÓN DE LA FAMILIA

EN LA RELIGIÓN DEL PROGRESO

Hemos visto lo que implica la visión religiosa del matrimonio según la revelación divina en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Y porqué  el matrimonio es santo en aquél y sagrado en éste.

3.1. La religión irreligiosa

Veamos ahora cuál es la visión del matrimonio en la religión secularizada y desacralizada, es decir, en la religión irreligiosa.

Lo que esta visión propone es la desvinculación de todo vínculo con Dios, de los lazos esponsales; y en consecuencia de todos los demás lazos de parentesco derivados de la alianza matrimonial.

Según esta visión, no tiene sustento objetivo afirmar que haya relaciones objetivas “entre los hombres y Dios”, ni se reconoce la existencia objetiva de un Dios “vincular y vinculador”. Es pues una visión atea práctica y teóricamente.

      

       La consecuencia es que todo lo relativo al matrimonio y a la familia se reduce a vínculos interhumanos; que, perdido su sustento divino, objetivo, sobrehumano; esos vínculos son amenazados, erosionados, deteriorados, y a veces enteramente devorados por el remolino subjetivo de las pasiones incontroladas: del amor propio.

       Sucede así que los vínculos de amistad matrimonial o de parentesco, son transmutados en vínculos de dependencia o de dominación.

       Como ejemplo de esta visión tomo la de Claude Lévi- Strauss en su “La estructura elemental de parentesco”.

4.- CLAUDE LÉVI-STRAUSS: INTENTO DE CONVALIDACIÓN ACADÉMICA DE UNA ANTROPOLOGÍA DESACRALIZADA

Voy a referirme ahora a la teoría de Claude Lévi-Strauss acerca de la estructura elemental del parentesco, porque es un intento de convalidar académicamente el proceso de desacralización, de profanización, de profanación de los vínculos matrimoniales y de su consiguiente reducción naturalista.

       Claude Lévi-Strauss enseñó Antropología social en la Sorbona y se ha dicho de él que fue autor “de la filosofía más rigurosamente atea de nuestro tiempo”[21].

4.1. El origen de la sociedad y la estructura elemental del parentesco

Excluido por principio todo dato revelado acerca del origen de la sociedad humana, Claude Lévi-Strauss buscó ese origen de la sociedad humana y creyó haberlo encontrado en la estructura elemental del parentesco.

       Su enfoque de la estructura elemental del parentesco que, según él, marca, en su origen, el pasaje del ser humano desde el estado de naturaleza al estado de sociedad, ignora totalmente cualquier origen ni arquetipo divino, ya sea para la alianza matrimonial, ya sea para las relaciones de parentesco.

       No hay lugar, en su pensamiento, para que pueda existir objetivamente un nosotros humano-divino o divino-humano como sucede en la revelación bíblica. Su visión de lo social descarta totalmente este hecho y sólo considera relaciones entre seres humanos. No puede haber sociedad entre Dios y el hombre.

4.2 La estructura elemental del parentesco: origen de la sociedad humana

Intentaré resumir aquí lo que dice Claude Lévi-Strauss acerca de las estructuras elementales del parentesco[22].

El punto de partida de los estudios de Lévi-Strauss es la prohibición universal del incesto en todas las culturas. “Es conocida-dice- la función que la prohibición del incesto cumple en las sociedades primitivas. Al proyectar- si cabe decirlo así- las hermanas y las hijas fuera del grupo consanguíneo y asignarle esposos provenientes de otros grupos, anuda entre estos grupos naturales,  vínculos de alianza que son los primeros que pueden calificarse de sociales[23] . La prohibición del incesto funda de esta manera  la sociedad humana y es, en un sentido la sociedad”[24]. Esta prohibición obliga a que se tome pareja fuera de las relaciones de consanguinidad. Y en consecuencia, impone la relación de alianza entre no consanguíneos. Esto tiene consecuencias a la hora de determinar cuál sea la estructura elemental y más simple del parentesco.

       Podría imaginarse que se considerara como tal a la terna padre, madre, hijo. Pero a esta terna elemental le falta todavía una terna constitutiva, la del hermano de la madre, el cuñado o tío materno. La alianza esponsal supone o deriva de una alianza anterior, la alianza interfamiliar.

Claude Lévi-Strauss afirma que: “El carácter primitivo e irreductible del elemento de parentesco tal como lo hemos definido [cuñado-esposos], resulta, en efecto, de manera inmediata, de la existencia universal de la prohibición del incesto. Esto equivale a decir, que en la sociedad humana, un hombre únicamente puede obtener una mujer de manos de otro hombre, el cual la cede bajo forma de hija o hermana. No es necesario,  pues, explicar cómo el tío materno hace su aparición en la estructura de parentesco: no aparece sino que está inmediatamente dado: es la condición de esa estructura”[25].

Esta estructura reposa a su vez en cuatro términos (hermanos, hermanas, padre, hijo) unidos entre sí por dos pares de oposiciones correlativas y tales, que, en cada una de las dos generaciones implicadas, existe siempre una relación positiva y otra negativa. Ahora bien ¿qué es esa estructura y cuál puede ser su razón? La respuesta es la siguiente: esta estructura es la más simple estructura de parentesco que puede concebirse y que puede existir. Es hablando con propiedad ´el elemento de parentesco´.

       En apoyo de esta afirmación Lévi-Strauss aduce un argumento de orden lógico: para que exista una estructura de parentesco es necesario que se hallen presentes los tres tipos de relaciones familiares dadas siempre en la sociedad humana, es decir, una relación de consanguinidad, una  de alianza y una de filiación: dicho de otra manera, una relación de hermano a hermana, una relación de esposo a esposa y una relación de progenitor a hijo.

5. EL DIOS PARIENTE: EL ORIGEN DIVINO-HUMANO

RELIGIOSO DE LA SOCIEDAD…

Claude Lévi-Strauss se ha preguntado sobre la estructura elemental del parentesco tal como de hecho se encuentra en las diversas culturas. Como antropólogo había investigado numerosos pueblos aborígenes en Brasil y lejano oriente.

       Pero no se ha adentrado en lo que en esas culturas, de manera particular en las bíblicas, forma parte de la vivencia del parentesco con Dios.

       Claude Lévi-Strauss ha omitido tomar en consideración una pregunta que el autor bíblico inspirado y su público sí se han planteado como ineludible y lo es para cualquier hombre sencillo pero no tonto.

5.1. Dios pariente en el principio

El autor sagrado, en vez de plantearse la pregunta acerca de las estructuras elementales del parentesco, se ha preguntado sobre su origen. Esto es: en un principio, cuando no había un cuñado ni un suegro humano para recibir de él una esposa, el primer hombre tuvo que recibir su mujer de Dios, y por lo tanto, Dios actuó, en un principio, en el lugar de un suegro o de un cuñado. Dios es pues un proto-pariente del hombre.

       Para el hombre bíblico, ya en el acto de la creación, el Dios Creador establece la primera relación, a la vez religiosa y social con Adán, dándole a Eva como mujer.

Para el hombre bíblico la primera sociedad no es, pues, una sociedad entre hombre, ni siquiera entre esposos, sino una sociedad religiosa, es decir humano-divina: de Adán con Dios. De esa relación religiosa toma origen  la sociedad esposal primero y la sociedad humana después.

La relación religiosa Dios- Adán es anterior a toda otra superviniente relación interhumana. Y por eso, Dios podrá regular, mediante la ley, la relación del hombre con su mujer, y el hombre no tendrá sobre ella una potestad incondicionada, sino regulada por la ley divina.

5.2. La Religión como fuente de toda sociedad

       Según el epos de la revelación bíblica (narración épica sobre los orígenes) al comienzo del libro del Génesis, la primera relación interpersonal del hombre varón es con Dios. Ésa es su primera relación y ella hace posible  su relación esponsal, que es, a su vez, fuente de las demás relaciones de parentesco. El origen de toda relación de parentesco es la relación religiosa.

       Esto tiene consecuencias que me parecen claras a la luz de lo que Mircea Eliade- el preclaro investigador de las religiones- comprueba que es el rol de todo relato de los orígenes en la organización de la existencia del hombre, de todo epos-es decir relato épico de los orígenes- como fundamento de todo ethos, es decir: arquetipo de la conducta o comportamiento  humano.

       El vínculo religioso, afirma Mircea Eliade, no es algo prescindible y adicionable a una realidad social, familiar, matrimonial naturales preexistentes (como se desprendía de la visión o mejor dicho la mancha ciega en el ojo científico de Claude Lévi-Strauss).

       El vínculo religioso es el vínculo fontal y sustentador de toda la red de relaciones de parentesco y sociales de la humanidad.

       El vínculo primordial de Adán con Dios es el vínculo fontal, que posibilita el surgimiento y la permanencia de todos los demás vínculos, empezando por el vínculo esponsal con Eva, del que se origina la sociedad humana.

       El hombre es un ser social, porque es un ser religioso. Y si deja de ser religioso dejará de ser social.

       En la concepción del autor bíblico inspirado- y por lo tanto, según el mensaje divino revelado acerca de la verdad de Dios y el Hombre- atentar contra la relación humano divina de Adán con Dios, y aun solamente el hecho  de prescindir de ella, equivale a atentar no solamente contra la vinculación religiosa del hombre con Dios, equivale a quitarle el origen y el fundamento al amor matrimonial y a la amistad social; equivale a atentar contra la existencia  misma de la Humanidad como sociedad.

       Pretender desacralizar el matrimonio y la familia equivale a procurar la abolición del hombre; porque una vez abolida la red de relaciones familiares, el individuo ya no sabe quién es.

6. –CONSECUENCIAS DE LA DESACRALIZACIÓN DE LAS CIENCIAS FAMILIARES Y DE LA ACCIÓN SOCIAL Y POLÍTICA (ATEÍSMO PRÁCTICO)

6.1. Primera consecuencia es que la visión bíblica de la relación solidaria y fraterna entre creaturas, entre miembros del pueblo de la Alianza,- entre hermanos, por ser hijos de un mismo Dios Padre-, es suplantada por la dialéctica, hegeliana, del amo y del esclavo.

       Esta invade todas las relaciones humanas, creando oposición entre varón y mujer, padres e hijos, razas, clases sociales, ricos y pobres, naciones entre sí y estados contra su propia nación, etc. etc. Se sustituyen los vínculos de amor, de comunión y de solidaridad, por grillos y cadenas que los hombres se sacuden de encima. Homo hominis lupus: el hombre es el lobo para el hombre.

       El hombre de la cultura “ desacralizada”, -que sin embargo se ha resacralizado subrepticiamente a sí mismo comportándose como si fuera Dios-, por su exaltado amor propio- convierte inevitablemente la convivencia humana en una Teomaquia , es decir, en una guerra entre dioses.

       Procede de y conduce inevitablemente a, la rivalidad y a la guerra entre el hombre y la mujer, entre esposo y esposa. De allí se sigue la abolición de la familia, la lucha entre las razas, entre los pueblos y naciones: la irreconciliación universal, que sólo podría conjurarse si se aceptara la oferta de reconciliación con Dios en su Hijo[26].

       Se asiste así a la progresiva disolución y desaparición de los vínculos libremente contraídos. La disminución de la libertad interior de los individuos, -por la que dejan de ser dueños de sí mismos, y los somete a pasiones cambiantes-, los torna incapaces de un compromiso fiel y duradero para toda la vida. Los hombres se van solitarizando y caen,- por vivir en un estado de indefensión que solamente podría brindarles una familia-, bajo todas las esclavitudes: sociales, políticas, económicas, culturales, pasionales, adictivas.

6.2. La pérdida de identidad del individuo

Otra consecuencia de la disolución del vínculo matrimonial por el divorcio- y de la confusión de los vínculos de afecto que acarrea la sobreposición de las alianzas maritales-, es causa de la pérdida de identidad de los individuos.

       Antoine de Saint-Exupéry, intuyó y expresó poéticamente lo que afirma la antropología cuando dijo “el hombre no es más que un nudo de relaciones”[27]

       Recuerdo la pregunta de un niño pequeño a su mamá, cuando ella le explicaba el nuevo matrimonio de su padre: ¡Ah ¿entonces tengo dos mamás?!

       Nuestra posición en el entrecruzamiento de una red de relaciones familiares es fundamental para nuestra identidad: soy hijo de fulano y mengana, sobrino de tal y tal, nieto de tales, primo. . .

       Los estudios antropológicos muestran que: “El sistema de parentesco hace que el sujeto reconozca su propia identidad simultáneamente al reconocimiento de su relación con otros. […] Para un sujeto humano, quién sea él es algo de lo que tiene noticias junto con y simultáneamente a las relaciones que mantiene con otros. […] Si el parentesco no formara un sistema [ o si el sistema se fragmentara como sucede a causa de los divorcios y nuevos matrimonios] las piezas serían independientes entre sí, no tendrían relación unas con otras y el sujeto se vería a sí mismo, vería su propia identidad, como rota en trozos, incomunicables entre sí”[28].

6.3. Las adicciones

Estoy persuadido que en la esclavitud de las adicciones es posible ver el sucedáneo de la libre adhesión amorosa. Un placebo que ofrece el demonio a la ansiedad que suscita la carencia de amor y la incapacidad para amar. Las adicciones serían así un chupete para calmar la ansiedad, el hambre amorosa dentro de un sistema cultural en que los hombres han caído a la condición de abandónicos-abandonadores.

6.4. Religión irreligiosa : la autodivinización del hombre

Luego de mostrar por qué  y en qué sentido se llama religiosa, santa o sagrada a la familia creyente en el Antiguo y el Nuevo Testamento y de enunciar tres consecuencias de la acción desacralizadora , llega el momento de insistir en la necesidad de  despejar el equívoco que produce usar la palabra desacralización, de la que sin embargo resulta difícil prescindir debido a que se nos ha impuesto por un uso generalizado.

       Y, sin embargo, son muchos los que han observado que las palabras desacralizada, secularista, laicista, sirven al encubrimiento de la verdadera naturaleza del fenómeno cultural y social al que se aplican.

       En efecto, encubren el hecho de que el fenómeno que se presenta y actúa como irreligión, ¡es de naturaleza religiosa!.

       Las designaciones corrientes nos encubren que estamos ante un hecho religioso, ante una religión-irreligiosa o antirreligiosa. La irreligión es la religión  del hombre que insurge contra Dios y usurpa la condición divina.

Una religión, por otra parte tan vieja como la religión bíblica.

6.5. Estamos ante la divinización del Hombre

Tenemos, en la revelación del Antiguo y del Nuevo Testamento, las enseñanzas que permiten conocer su verdadera índole religiosa. Se trata de una tentación eterna de la humanidad, que ya que tiene su principio en el: “Seréis como dioses”[29] que se le propuso a Eva.

6.6. Desacralización: Profanación y Trans-sacralización

Lo que opera esta cultura adveniente es una guerra de religión, aunque no declarada. Una persecución, en gran parte disimulada e hipócrita. Una guerra con armas no convencionales, secreta, camufladas en un lenguaje ocultador.

       Lo que se presenta como desacralización, como un despojo de la condición sagrada es, fue, en realidad, una sacralización, es decir una divinización de la realidad humana.

Estamos ante un proceso de apostasía que regresiona hacia la idolatría. Al divinizar al hombre, en realidad, lo que sucede es que, en primer lugar se lo deshumaniza, porque se le arrebata la imagen y semejanza divina. Se lo sustrae a su constitutiva relación con Dios. Y en segundo lugar se lo demoniza, porque se lo arroja a la condición de imagen y semejanza de Aquél Ángel Rebelde que, desde el principio, se sustrae a la sujeción a todo poder superior a sí mismo.

En resumen: lo que intenta operar este proceso no es propiamente una “desacralización”, sino una “trans-sacralización” una “profanación y una reconsagración”. Es la instauración de una religión irreligiosa. Una continuación del intento de entronizar a la diosa razón en la catedral de Notrê-Dame.

Su resultado es la demonización del hombre.

6.7. Confirmación por la Ciencia de las Religiones

Tras una vida de estudiar las religiones, el hierólogo Mircea Eliade arribó, a esta conclusión: “lo sagrado, –dice- es un elemento de la estructura de la conciencia [humana], no un estudio de la historia de la conciencia”[30]. Y aún más explícitamente afirma que: “En los niveles más arcaicos de la cultura todo el vivir del ser humano es ya de por sí un acto religioso, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de otro modo: ser- o más bien hacerse hombre- significa ser religioso”[31].

7. LA SUPREMA EPIFANÍA DE DIOS: LO INTERPERSONAL

       Dije antes que Mircea Eliade reconoce que no hay dimensión de la naturaleza o del cosmos que no haya sido o no pueda ser considerada, en un momento u otro, por uno u otro grupo humano, como una epifanía, como una manifestación de la divinidad, de su dynamis o de su gloria. Dios se revela ubicuamente.

       Quiero someter ahora a su consideración un hecho: cómo la hierofanía más perfecta se da en las relaciones interpersonales. Con lo que, mostrándose Dios en lo que el hombre vislumbra que es la gloria del amor, comienza a revelar Su esencia divina como Amor, para culminar, por la encarnación del Verbo invitando al hombre a sumergirse en Dios por una comunión de amor.

       Reenlazo, pues, ahora a mi discurso con aquellas afirmaciones iniciales sobre el carácter religioso de la familia en la religión del Antiguo y del Nuevo Testamento, y quisiera fundamentarla a continuación, en una ulterior presentación de la revelación de Dios como Dios pariente, Go´el en hebreo, y finalmente como Dios Padre de Jesucristo y nuestro. Aspiro así a mostrar que, primero la santidad y por fin la sacralidad del matrimonio y la familia, son las características de la religión católica y su fundamento.

       Por el mismo hecho, queda de manifiesto que la así llamada profanación y trans-sacralización de la sociedad y la familia, no es otra cosa que idolatría del hombre, y que destruye por su base el fundamento religioso del matrimonio y la familia bíblica desde su origen a su culminación.

7.1. La epifanía suprema: los vínculos de amor, las alianzas proclaman la gloria de Dios y la capacidad de sacrificarse por amor la obra de sus manos.

Insisto en señalar que:

Jen y jésed, gracia y misericordia así como Go´el= pariente, ´emunáh, fidelidad, son, en el ámbito de la religión y cultura bíblica que los acuña, términos que pertenecen a la vez al ámbito de las relaciones religiosas(es decir divino-humanas) y al ámbito de las relaciones  familiares y sociales (es decir inter-humanas). Jen y jéset son atributos divinos tanto como virtudes esponsales que unen por elección y amor a los esposos, y son también las virtudes que han de regir todas las relaciones de parentesco nacidos de la alianza esponsal y entre los miembros de la tribu y del clan.

       Go´el, pariente auxiliador, redentor de esclavos, protector de la familia, de sus miembros y de sus bienes, es un nombre que designa por igual a Dios y a hombres. Go´el es Dios cuando redime de la esclavitud de Egipto a sus parientes oprimidos, cuando les garantiza, promesa mediante, la descendencia y la tierra necesaria para alimentar a los hijos. Y go´el es Abraham cuando sale a la guerra para rescatar a su sobrino Lot, o David cuando urge la venganza de sangre o Booz cuando compra la tierra de Noemí y engendra en Rut descendencia para su pariente israelita, muerto sin descendencia en el extranjero.

       Pertenece pues a la naturaleza misma de las religiones y correlativas culturas bíblicas, el hecho de que las relaciones entre los hombres y las relaciones entre Dios y los hombres se conciben como análogas y se expresan mediante los mismos vocablos por ser categorías comunes: jen (gracia, elección y dilección) y jésed (amor, misericordia) ´emunáh (fidelidad, sinceridad).

       Este hecho pone de manifiesto que la revelación bíblica ha tenido su lugar fontal y privilegiado en el ámbito de las relaciones interpersonales, primero interhumanas, humano-divinas y por fin divino-humanas.

       Si queremos dar un paso más podemos comprender que por este mismo hecho, Dios fundamenta con sus epifanías en el amor, lo que ha de ser la conducta del amor verdadero entre los hombres, y que, con esa epifanía, establece las normas del amor en su pueblo elegido.

       De ahí que la relación esponsal y las relaciones familiares de parentesco derivadas, cuando se ajustan al modelo de la conducta divina, sean la más perfecta epifanía divina y el punto de inserción de Dios en la historia del pueblo de Israel. Una historia que culmina con la Encarnación, la efusión del Espíritu Santo y la comunión en la vida eterna. Una revelación en la que Dios comienza mostrándose como pariente del clan y que culmina elevando al hombre al parentesco divino, previa divinización de su amor esponsal humano.

Concluyo esta exposición

Estamos ante un fenómeno religioso en el que Dios es el actor principal a tener en cuenta en todo enfoque intelectual y práctico. Ante él, el Señor no está cruzado de brazos. Sigue obrando.

Y su obrar debe inspirar el nuestro, porque el obrar divino es  la pauta para todo obrar humano.

¿Dónde? ¿Cómo?

Primero dónde:

Nos enseña en las Sagradas Escrituras que obra: en el micro, no en el macro.

Segundo cómo:

Obra privilegiadamente en lo secreto (como vocación a Abraham y en la respuesta de la fe a su palabra). Y como en la historia de Ester.

Dónde:

En el micro individual de los justos, en el micro social de un pueblo santo, en el micro social de un pueblo sagrado y dentro de él en el micro de la familia a la que atienden instituciones como Madrinas por la Vida que atienden al concreto.

Cuando en las tentaciones en el desierto el demonio le promete a Jesucristo “todos estos reinos te daré si postrándote me adoras” le ofrece un poder como los de este mundo a través del poder, la dominación, etc.

Jesús proclama claramente ante Pilatos que su reino no es como los de este mundo donde reina el príncipe de este mundo.

Jesucristo elige el camino de los individuos y de los pocos. San Pablo reconoce y les dice a los tesalonicenses: la fe no es de todos[32].Pero se trasmite de persona a persona.

La respuesta de Jesucristo a la propuesta demoníaca nos remite al culto: “Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás”.

La historia de la reina Ester nos habla del Dios que se esconde en la historia y los acontecimientos pero que obra a petición de una sola persona justa. El nombre de la Reina Ester es un derivado de la raíz hebrea satar, que encierra la idea de estar oculto, secreto, esconderse. Ester significa “Yo me esconderé”. Se trata del Dios escondido, del Deus absconditus. De él leemos en Isaías 45,15: “Verdaderamente tú eres el Dios escondido (attáh  ‘El mistatér), el salvador de Israel”.

Jesucristo es ahora el Dios escondido en un hombre salvador. Soter, salvador en griego y en hebreo soter, escondido. Juegos de palabras que se le aplicó desde temprano.

Pero también escondido en su cuerpo místico histórico por la comunión de los santos, en ellos sigue escondido y salvando a lo que no es por lo que es.

8. CONCLUSIÓN:  ¿  QUÉ HACER PUES ?

Al término de nuestro recorrido expositivo, nos volvemos a encontrar en la encrucijada dramática de la que nos hablaba el Cardenal Ratzinger, en la cita del Informe de la fe con que comenzamos: “O la Iglesia encuentra un camino de acuerdo, un compromiso con los valores aceptados por la sociedad a la que quiere continuar sirviendo, o decide mantenerse fiel a sus valores propios (valores que a su entender, son los que tutelan las exigencias profundas del hombre) y entonces se encuentra desplazada respecto de la sociedad”[33].

El Papa Benedicto profeta y maestro de la fe y de la vida de fe, nos muestra, con su ejemplo y su enseñanza, caminos para imitar, voy a recoger aquí los tres principales entre los que nos propone: 1) tender puentes de diálogo entre la razón y la fe y la moderna racionalidad científica; 2) profundizar en la verdad del matrimonio; 3) reevangelizar el matrimonio para fomentar la vivencia sacramental en toda su profundidad mística.

       Pero eso exige no perder de vista lo que hemos expuesto.


[1] Esta conferencia tiene su origen en la que pronuncié en el Simposio “Familia y Sociedad” Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo, Mendoza, 18 de Octubre, 2008. La repetí en FAMINAT (Familia y Orden Natural) Bella Vista, PBA en 2013.

[2] En : Albert Outler ,”Toward a Postliberal Hermeneutics”, en: Theology Today, October 1985, p.290; citado por Albert  Dilanni, Religious Life as Adventure, Alba House, New York, 1994,p.29

[3] Gálatas 6, 10

[4] “Dos compromisos serán ineludibles especialmente durante el tercer año preparatorio [ el gran jubilieo de 2000] ,la confrontación con el secularismo y el diálogo con las grandes religiones” (Tertio Millennio Adveniente)

[5] Benedicto XVI, A los Participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura Sala del Consistorio. Sábado, 8 de marzo de 2008.

[6] Cfr. Benedicto XVI, Alocución para el encuentro con la Universidad de Roma La Sapienza , 17 de enero de 2008.

[7] Juan 15,5

[8] Filipenses 4,13.

[9] Card. Joseph Ratzinger Informe sobre la fe  ,Ed. BAC, Madrid 1985, cita en p.95

[10] Génesis 12, 3.

[11] Génesis 31, 42, 53.

[12] Cfr. Salmo 94, 7: “Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía”.

[13] Josué 24, la renovación de la Alianza en Siquem.

[14] Isaías 41,14

[15] “Centella de fuego, llamarada divina” Cantar de los Cantares 8,6.

[16] Horacio Bojorge, “Go´el :El Dios Pariente en la Cultura Bíblica” ,en: Stromata 54(Enero-Junio 1998)pp.33-83[Stromata es la revista de las Facultades de Filosofía y Teología, Univ..Del Salvador (Área San Miguel,Argentina] El estudio puede consultarse en mis páginas web:

http://www.horaciobojorge.org/diosparienteindice.html o también en :

http://ar.geocities.com/horaciobojorge/diosparienteindice.html

[17] Véase Claudio Rissé, II Padre, l´assente inaccettabile, Ed. San Pablo, Milano 2003, pp. 50-51, que cita a J. Heckel, Lex Charitatis, München 1953.

[18] D. Lentzen,Alla ricerca del Padre. Dal Patriarcato agli alimenti.Laterza Bari 1991, pp. 205ss. Citado por Claudio Risé, O.c.p.52. D. Martin Luther, Werke. Kritische Gesamtausgabe, vol .XXXII, pp.376ss. Weimar 1883, citado por Lentzen. En el mismo sentido se pronuncia Mons. Paul Josef Cordes, El Eclipse del Padre, Ed. Palabra, Madrid 2003, p. 171 y ss.

[19] Así lo hace Lieter Lenzen, citado por Claudio Risé.

[20] Claudio Risé y Lieter Lenzen, Obras citadas.

[21] Jean Lacroix, “La pensé sauvage”, Le Monde, 27 noviembre 1962. Citado por Eliseo Vrón, en el prólogo a la edición española de la Antropología estructural, Eudeba, Buenos Aires 1968,p.IX

[22] Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural, Ed. Eudeba, Bs.As. 1968(Tit.Orig.:Anthropologie Structurale, Plon, París 1958)

[23] Nótese cómo para Lévi-Strauss, la sociedad compleja brota de estas relaciones de alianza fuera de la familia consanguínea.

[24] O. c. p. XXXVI .

[25] Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural p.45.

[26] 2ª Corintios 5,18-20

[27] “II est difficile d´exister.l´homme n´est qu´un noeud de relations, et voilá que mes liens ne valent pas grand-chose” en: Pilote de Guerre, Ed. Gallimard, Paris, 1942 p.100

[28] Antonio Moreno, Sangre y libertad. Sistemas de parentesco, diversidad cultural y modos de reconocimiento personal. Ed.Rialp-Universidad de Navarra 1994,(Biblioteca del Instituto de Ciencias para la Familia N°17) Citas en pp.15-16

[29] Génesis 3, 5

[30] Mircea Eliade; Historia de las Creencias y de las ideas Religiosas, Vol.I.- De la Prehistoria a los Misterios de Eleusis, Ed. Cristiandad, Madrid 1978,cita en p.19.

[31] Mircea Eliade, Historia de las Creencias y de las ideas Religiosas, Ed. Cristiandad, Madrid 1978 T.I p 15. (Ed. orig.: Histoire des Croyances et des idées  Religieuses, Ed. Payot, París 1976)

[32] 2ª Tesalonicenses 3,2

[33] Card. Joseph Ratzinger, Informe sobre la fe, Ed. BAC, Madrid 1985, cita en p. 95